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La feria de las vanidades
Pasaba por
ahí, vi luz y subí. Leí la programación para dejar de indignarme frente a la
vergüenza de los stand.
La pobreza de
la puesta del de las provincias, por ejemplo, debería poner colorado a más
de un funcionario que se acomoda la corbata en los actos de inauguración y
cierre.
¿Fui a la
Feria del Libro?
por Ingrid Proietto
Preferí
detenerme, decía, en la programación ante el asombro de la oferta
lamentable, excedida en autoayuda, mensajes divinos, reiki, cultura
gastronómica y cierta clarísima clave del mercado editorial actual: los
niños. Los chicos quieren leer. Descubrieron a “Harry Potter” y, no importa
que tan mediocre sea, lo bueno es que van incorporando el hábito. El hábito,
se sabe, no hace al lector, pero deja buenos dividendos.
Es dolorosamente pobre la oferta de la Feria, pero también, y como debe ser,
la demanda.
Declara la señora Marta Díaz, directora de la Feria, que la misma nació
como “una actividad de promoción del libro argentino…” Habría que detenerse
aquí para analizar cuál es el libro argentino a promocionar. ¿Cuál es la
política cultural que propone esta Feria?
La sensación es que se quiere promocionar el libro que más venda. Argentino,
del MERCOSUR o de cualquier lugar del mundo. Da igual.
Me puse a mirar la programación porque lo poco atractivo que encontré en
algunos stands de otros países, resultaba tan costoso que se me ocurre
imposible para cualquier ciudadano laburante hacerse de algún ejemplar. Cabe
otra pregunta entonces: ¿No deberían los organizadores de una Feria
declarada de interés nacional, declarada de interés por el Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, declarada de interés educativo por la Dirección
General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires y auspiciada
por todos estos honorables organismos y algún otro más también, afilar el
lápiz y exigir a los stands extranjeros cierta pesificación de su cultura?
Encontré, en la programación, una mesa interesantísima: “El efecto y la
imagen del escritor en su época: ayer y hoy”. Coordinada por Magdalena Ruiz Guiñazú.
¡Epa! ¿Qué tendrá que ver Magdalena Ruiz Guiñazú con el ayer, el hoy y el
efecto de los escritores en su época? ¿Su época se referirá a la época de
Magdalena Ruiz Guiñazú?
La mesa, integrada por notables escritores argentinos (Esther Cross, Germán
García y Sylvia Iparraguirre), no pudo superar una propuesta absurda.
La Feria del Libro ha dejado de tener como objetivo primero promocionar
al libro argentino. Lo que tiene como objetivo primero (acaso único) es
batir récords. Récord de stand, récord de metros cuadrados, récord de
visitantes, récord de autores, récord de colas (hubo tres cuadras de cola
para comprar la entrada el sábado 1ro de mayo), récord de ventas.
No importa qué venden, no importa quién visita. No importa si la gente va
porque coordina Magdalena Ruiz Guinazú, porque les queda a mano a la salida
del zoológico o porque les interesa lo que Sylvia Iparraguirre tenga para
decir. Lo importante es llenar salas. Formar colas. Colmar un laberinto
inmenso, lleno de pabellones de colores. Y espejitos también.
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