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Desde unas semanas a esta parte se escucha
mencionar la palabra cultura como si se tratara de un botín que pertenece a
unos pocos mientras se lo disputan otros tantos. Se escucha desde hace
semanas hablar de presupuestos y porcentajes, como si solo fuera cultura
aquello que puede ser abarcado, auspiciado, declarado ado ado por las
secretarías nacionales, provinciales y municipales que utilizan (a la pobre
cultura) para acomodar sus “prioridades”. Prioridades que poco tienen que
ver con la indigencia, el hambre y la pobreza de la que se conmueve el señor
secretario de Cultura de la Nación, Torcuato Di Tella (“La cultura no tiene
prioridad para el Gobierno ni para mí. La cultura es el gallinero de una
casa que se quema”, La Nación 27 de mayo 2004). Parece insólito, sobretodo
por la ingenuidad de la provocación, que un secretario de cultura declare
que la cultura no le importa y siga siendo secretario de cultura. Sin
embargo, lo que no se ha escuchado, no al menos en voz alta, es la
repregunta obligada:
¿Sr. Di Tella si la cultura no le interesa, por qué no renuncia?
Sucede que hay otra explicación, más profunda que recurrir al “me lo sacaron
de contexto” que utilizó el funcionario cuando la Cámara de Diputados lo
interpeló o al perfil provocador y risueño con el que lo intentó definir el
ministro comodín de Kirchner, Aníbal Fernández. Deberíamos pensar que Di
Tella hablaba de otras prioridades cuando mezcló gallinas con margaritas y
chanchos con gallineros. Las prioridades de Torcuato tienen que ver con
chicanas para repartir el poder, para repartirse el poder. Esa parece ser la
única prioridad, al menos para el Sr. Enrique Albistur, secretario de
Medios, quien insiste en fusionar a su secretaría, la de cultura en un
esfuerzo patriótico para aunar prioridades. De ese modo sumaría 126 millones
de prioridades a su cartera, la de Medios claro. Entonces los exabruptos de
Di Tella no son tan ingenuos como parecen, pero no por eso dejan de ser
vulgares y habríamos de creer que está defendiendo a la cultura, lo que
defiende en todo caso, es su secretaría, sus magros 126 millones y su
rinconcito de poder.
También se ha escuchado decir que el
presupuesto nacional (72,000 millones) destina apenas un 0,17% a la
secretaría de Cultura y se ha dicho esto, en muchas ocasiones,
contraponiendo el escaso 0,17% de Nación al 4,5% que destina Ibarra para la
secretaría de Cultura de la que, ya cree, es su ciudad. Cabría preguntarse
más que cuánto destinan unos y otros (y cuánto aconseja la UNESCO -1%
mínimo-) en qué se usa. Cómo y para qué. No da la sensación de que el
gobierno de Ibarra se ocupe mejor del área con ese 4 y piquito más de
presupuesto que dispone.
125, 124, 126 millones es poco. Si lo que hay
que administrar es cultura. Ahora, si lo que hay que administrar es otra
cosa y si otra cosa se traduce en favores personales… no resulta tan poco.
Se ha escuchado decir, además, que de esos
126 mancillados millones, el 80 por ciento se destina a sueldos como si A)
Quienes trabajan para-por-desde-en- cultura no debieran cobrar por ello y/o
B) No fuera posible revisar la nómina de ese personal.
Otra cosa que se ha escuchado decir, más que
decir gritar casi hasta el alarido histérico, es aquello de cómo era posible
que se levantaran los ciclos culturales de Canal 7: el de Cristina Mucci, el
de Osvaldo Quiroga y el del mismísimo Torcuato Di Tella (el secretario de
cultura al que no le interesa la cultura y sale a declararlo por si no nos
habíamos dado cuenta)… Otra vez cultura en la mesa de Albistur.
Lo que no se veía hace mucho tiempo es celeridad tal por reparar un bache,
enmendar un error, recular una orden. Si el señor Aníbal Fernández se
ocupara de las otras prioridades más priorizables a las que refería Torcuato
con la misma velocidad con que repuso los ciclos de Canal 7, si hubiera
encontrado un director para la Biblioteca Nacional con la misma efectividad,
la Argentina dejaría de ser Argentina tan rápidamente que esta nota no
tendría ningún tipo de sentido (si es que lo tiene).
Lo cierto es que de repente Mucci y Quiroga se convirtieron en los
abanderados de la cultura. Popular, nacional y federal ya que es cultura que
va por Canal 7 y, por tanto, a todo el país. De vez en cuando, entonces, los
próceres llaman a Héctor Tizón a Jujuy y se sienten tranquilos por haber
federalizado sus programas. Con Tizón en el estudio garantizan al menos
federalismo y cultura. Y lo de popular se lo dejan a presidencia que con los
fondos de cultura organiza carnavalitos en la Plaza de Mayo para festejar el
día de la patria. Entonces garantizamos popularidad con Diego Torres,
federalismo con Piñón Fijo -porque vino de Santa Fe- y cultura con la unión
de los factores.
No es la idea hacer una crítica de los programas de Mucci y Quiroga, ni
nadie dice que bien levantados estaban. Simplemente: la cultura no se
acababa porque se acabaran ellos así como tampoco la cultura ha resurgido
porque ellos siguen adelante con sus show televisivos. No es que de igual
que estén a que no estén, aunque ¿por qué no puede dar igual? ¿Por qué
estaría bien (o no estaría mal) que se levante el programa de agricultura y
es para desempolvar el luto y asistir al funeral de la cultura en la
Argentina que Cristina y Osvaldo se quedaran sin aire?
¿Cuál es?
La verdad es que ni Quiroga, ni Mucci, ni Albistur, ni Kirchner, ni
Fernández, ni Di Tella estuvieron disputando un cacho de cultura, un espacio
cultural, una cultura para todos... Lo que se estuvieron disputando y
todavía se disputan son los penosos retazos de poder que quedan en la mesa
de saldos.
Y seria de una inocencia inaceptable pensar que porque Quiroga y Mucci
ganaron (Mucci además logró que el Estado financie su ciclo que hasta ahora
había sido una co-producción) ganó la cultura y porque la cultura es de
todos y la ley de transitividad nos ampara, ganamos todos; fundamentalmente
porque sería estúpido pensar que esta haya sido una pulseada que perdió el
gobierno.
También se ha escuchado más de un aullido de “¡No!”
cuando se propuso a Nacha Guevara para ocupar la dirección ejecutiva del
Fondo Nacional de las Artes que será conducido por el economista Javier
González Fraga. No sabría qué responder a la pregunta ¿por qué Nacha sí?,
pero se me ocurre preguntar ¿por qué Nacha no? Y en cualquier caso, ok Nacha
no, pero: ¿a quién proponés? A quién proponés que diga que sí porque no debe
haber mucho Quijote queriendo semejante Sancho Panza.
También se ha escuchado decir que el marido de Ana de Skalon (directora de
noticias y no ficción de canal 7, pareja de Miguel Bonasso) esto y la mujer
de Don Torcuato (la señora Pilates) aquello. Como si no fuéramos pocos, nos
conociéramos mucho y estuviera claro para todos que Skalon deberá rendir
cuentas acerca de su gestión más allá de lo legislador y Bonasso que pueda
ser su marido y Torcuato debería cumplir con lealtad y patriotismo sus
responsabilidades por más Tamara que resulte su pilates, digo su mujer. Es
una chicana tan barata buscar el error en la vida conyugal de estos
funcionarios de estado que nadie debería haberse permitido usar la relación
más que para el chiste fácil con el dudoso efecto que puede tener, incluso,
el chiste fácil.
En definitiva, se ha escuchado demasiado bla, bla, bla. Mucho ruido y pocas
nueces (y más nueces que cultura). Lo que no se escucharon –ni en los
medios, ni en la cámara de diputados, ni en las ruedas de prensa de Aníbal
Fernández, fueron propuestas. Lo que nadie preguntó con la debida
insistencia es cuáles son las políticas culturales de éste gobierno (y ya
que estamos podríamos hacer extensiva la pregunta al gobierno de la Ciudad
de Buenos Aires que tampoco explica mucho, menos aún con transparencia, en
qué utiliza el 4,5% del presupuesto total que se destina a su secretaría de
Cultura). Y hasta suena incorrecto hablar de políticas culturales. Habría
que hablar, quizá, de las no-políticas culturales. De éste gobierno y de los
anteriores.
Mientras Di Tella se interesa por otras cosas, Nacha decide si asume con
taco aguja u overol y el secretario de medios se refriega las manos
esperando los buenos resultados de su estrategia, están los que siguen
generando espacios verdaderamente culturales, los que buscan y abren camino.
Mientras esperamos que se pongan de acuerdo y limen asperezas, están los que
siguen bailando, actuando, volando, soñando, escribiendo, publicando,
filmando y todos los gerundios que el arte (sin el fondo nacional de…) pueda
permitir. Acaso de eso se trate la cultura, aunque no por eso debemos
permitir que quienes reparten la torta, ni siquiera se interesen por la
torta, ya no se conformen con nada y hasta quieran robarnos la frutilla.
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