destino  y propagaciones


Editado por
la Casa de la Cultura Ecuatoriana,
Núcleo del Guayas, 1972
 

Destino y propagaciones


Esta publicación tiene los atributos del retoño, proyecto y empuje de la vasta obra a la que dio comienzo y que se gana los lauros de la emoción, como una foto primera. Nombrar nunca será aleatorio, desde su título, Destino y Propagaciones, parece casi una sentencia y la anécdota asociada forma parte de lo impredecible como es de esperar en una vida signada por el arte. Corría el año 1970. En su paso por Ecuador, durante el extenso periplo por las Américas, Diana Bellessi trabajaba en la imprenta de la Casa de la Cultura, sita en Guayaquil, cumpliendo múltiples oficios. Allí dio a conocer sus poemas en una lectura. El poeta Carlos Eduardo Jaramillo, en aquél entonces subdirector de la institución, conservó esos poemas que dos años más tarde, estando Bellessi en México y sin siquiera sospecharlo, publicaría en edición casi artesanal con ilustraciones del reconocido artista plástico José Carreño. Se hicieron 600 ejemplares en papel pluma y 400 en papel bond. Inicio de un destino que en 1972, cuando Jaramillo le envió un ejemplar, recibió con sorpresa aunque sus versos denunciaran un conocimiento previo:

 


 
    
la casa se destruye



[…]
 
Yo te sospechaba en mis juegos de niña;
me arrastrabas a sueños fantásticos
a amaneceres degollados por el griterío de las aves.
Habitaste el ritmo
que ordenara mi aparición en la tierra
la estación anual
la sombra del follaje sobre mis sombras.
Esperaste todas las edades
poniéndome un dedo en el corazón
para que no extenuara a ninguna.
Me retuviste.
Ahora un amplio horizonte de maleza
cubre la salida
 
de las niñas
 
 
si voy a buscarte
en los bordes últimos de la infancia
reconozco algo
semejante a la luz
 
después
el ritmo de las estaciones, la madre
 
una furia elemental:
dibujar soles
y niñitas con vestidos amarillos
 
algo semejante a la luz
 
la madre
el paso de las estaciones anuales
destino y propagaciones



[…]
 
Cuando una sombra cruza el follaje de los árboles
somos extraños al paisaje
ardorosos imposibles

 


[…]
 
no los mares
el árbol no
tampoco la concreta vibración de una llama
 
ven amor
apoya tu cuerpo en el aire
 
 


Percepción

 
Casi siempre soplan los vientos del norte
conductores de tormentas otoñales.  Caen sobre los jardines
que resisten vigorosamente, rosados goteantes al atardecer.
Por las noches aparecen pájaros de gran tamaño
con alas artificiales cuidadosamente bordadas. Planean con las alas
extendidas sobre los patios y acaba víctimas de las enredaderas
que los absorben desde los picos, el mismo plumaje verde.
El sol es una bella piedra que se desliza
De horizonte a horizonte. Debajo estoy yo
Los cúmulos de energía que percibo
Y la presencia ineluctable de los que no percibo.
 
“Los pensamientos de la juventud son amplios,
muy amplios”
(Longfellow)