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LA EDAD DORADAAdriana Hidalgo Editora
El modo singular en que Bellessi logra nombrar -a veces en un mismo poema e, incluso, en un mismo verso- lo inefable de los hechos históricos y la palpable pero imprecisa acción de lo que se sospecha tocado por la divinidad adopta la forma del canto. Tal vez porque, como decía W. H. Auden, el ser humano recurre al canto cuando el mero decir resulta insuficiente, la voz poética de Bellessi es una voz decidida y desgarradamente lírica. Guillermo Saavedra, La pasión de nombrar Rara esta experiencia de leer a Bellessi. Siempre ajena a cualquiera de las modas dictadas en los diferentes circuitos de la poesía argentina de las últimas décadas, su poesía recurre con insistencia en una serie de palabras que hoy podrían ser consideradas por esos circuitos como démodé: alma, divino, humano, hermana, retablo del edén. Con el mismo desparpajo Bellessi habla de calzones, zapatillas y patas en la fuente, y funde en una sola la imagen del Cristo-Cordero crucificado con la del padre que muere en el matadero de terapia. Del mismo modo, hace confluir mansamente, como las aguas de diferentes ríos, a antiguas y nuevas tradiciones poéticas: lírica española clásica, mística y barroca, copla popular, poesía indígena y poesía japonesa, la Biblia y Denise Levertov junto a la frase de la vecina del barrio, del tango, de la madre campesina. Delfina Muschietti, Todas las voces todas |
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El ungido
Vertical y orlado |