Sur

 
Libros de Tierra Firme
Buenos Aires, 1998
ISBN 950-9551-54-6


Diseño de tapa: Oscar Gabriel Martínez Dalmasso
 

Sur

Pero esa presencia del mundo y del paisaje en la mirada no siempre es afirmativa. A menudo aparece asida por el temblor, por la incerteza, por la fugacidad. Los objetos del mundo parecen el ápice del sueño, la palabra el ápice de lo que desaparece y a la vez esto suele ser el eco del eco del corazón. El poema se vuelve a veces el relato impalpable de esa indefinición, un deliberado discurrir de la duda y de la melancolía de hallarse finalmente en los confines despedazados de un mundo ido, un mundo que puede ser traicionado en el error y en la imperfecta rapiña de lo verbal. Algo gime en esos poemas, algo de cristal herido, de sangre seca, de boca del cieno. Algo mudo y confundido. Esta pobreza herida es la materialidad humana que recorre el libro, su claudicación, su espera, su engaño, su ilusión de un día. Pero a veces el binarismo de esa interioridad cansada se quiebra otra vez, y ya no es la personal mirada minusválida la que recorre el paisaje. Es entonces cuando las cosas que conforman el paisaje son las que de pronto miran. El mundo mira y abre los ojos del poema, que sólo debe nombrar como si fuera el último significado de esa percepción anónima: "Abril es oro/ y mayo rojo/ Siena de junio// y descarnada/ luz, julio, sueño/ preñado en su/ agosto verde/ inicial. Puntas/ que estallan luego/ cuando entero/ posa setiembre/ la filigrana/ primaveral"

Jorge Monteleone

Fragmento del texto de presentación del libro, en el mes de julio de 1998 ir al texto completo)

 "Yo no transcribo las voces populares, ellas me habitan. Yo no voy a rescatar nada porque son cosas que no necesitan rescate alguno. Son voces que me atraviesan y anclan en algún sitio. Para mí las voces de los pueblos son eternamente vanguardia porque están amasadas y brillan como un canto rodado. No son el 'bla-bla' de un autor. Cuando el creador abre su pequeño rumor personal al gran rumor del mundo, al gran río,ahí es donde las otras voces hablan junto con la pequeña voz del autor. Ése es el lugar de la poesía"

Diana Bellessi -El Cronista, 17/9/98, entrevista a cargo de Sara Cohen-

 Selección de Poemas

¿Has medido el tiempo de tu corazón?...

 ¿Has medido el tiempo de tu corazón?
Esa rosa inmensurable que se pierde
cada día por ausencia de mirada
por dejarla, denegada y ganar el
tiempo: escoria que lo pierde. Misterio
renovado llena la fuente al instante
que rebosa, de la rosa nuevamente
la conciencia. ¿Has medido el tiempo de
tu corazón? Cuando el benteveo en su
esplendor de siena y amarillo posa
sus patas sobre la rama de aguacate
y aletea: la escena es una ofrenda
de naturaleza viva en el minúsculo
artificio de la casa ciudadana
Lo que no es propio ni es ajeno: por música
se revela regulado el corazón
como rosa infinita a la conciencia
 
Es lo que persiste aunque no lo miremos
y aparece con el signo de lo eterno
Gracia inaudita vive en ti un poco menos
quizás, que en el resto de las cosas vivas
y un poco más, en la dicha de nombrarlas
 
Oh Señora, la sabiduría es tonta
Acrisolado y hondo ojo del benteveo
que llega al patio para comer la fruta
borravino de la lantana. Hubiera
podido salvar a la lombriz que observo
agonizar en el pico de su dueño?
Goce terrible de la necesidad
suspende mi mirada, y lo contempla
No tocar es hábito contra natura

de mi especie. Llevarme qué: una víscera
espejeada del Osorno para muestra
en los cuartos de la casa. Cuando la
así en mis manos quemaba. Ella habló
y fue la voz de los repliegues de toda
la cordillera. Traté de abandonarla
y no pude. Me acerqué a la boca del
cráter temblando con esa piedra. ¿Has
visto la boca de un cráter? La hondura
negra se ofrece ornada de helecho y musgo
donde los pájaros se posan. Edén
irresistible del retorno. A mí
o a la piedra a quien deseé lanzar, reparo
de aquel desgajamiento? No!, gritó, aún
no es tiempo y lo hecho, hecho está. Suave luz
de la tarde en las cordilleras del sur
Un mundo sin nombre para lo propio y
tatuado por los nombres de lo ajeno
Qué pavor me tocó en ese instante no
lo sé. ¿O fuera lo buscado, aquello
que me hizo ir?: voz de la piedra viva
 
desgajada por volverse signo de
esa belleza integrada del torrente
azul y verde: saltos del Petrohué
 
Oh Señora, la sabiduría es tonta
y nada pierde ni gana el corazón
No hay conquista de la tierra si a la tierra
solos, como un alma a solas se retorna
Con la magia de los antiguos marco
un altar. Piedras del sur, y piedras
del norte, piedras que hablan de las laderas
o bajo el agua. Caminar la tierra y
tocarla, Mahatma Kiepja gran alma,
he aquí tu herencia

 Fogata de San Juan

 
En los susurros de la Cora
chispea el fuego. Arde
la base con ilusión
de perennidad secreta
y constante
como los bosques que caen
y se alzan en sus retoños
siendo siempre el bosque atento
y ajeno al mismo tiempo
de su vasta singularidad
Alza la belleza de las llamas
lenguas no sonoras que cazan
al ojo de la multitud
Chispea el cuerpo como madero
del otro bosque: sonrisa, roce
dicha continua de la noche
solsticial. Alma
grande en los susurros
de la Cora atravesado
por el golpe del tambor

Todo se funde en la senda
de la tierra que da sostén
Reparación constante y
secreta, murmullo que deja
dar la vuelta para beber
en la vertiente que nos abreva
y salir después, a la flama
del aire, a mañana y ser
lo uno y lo otro, ayer,
después, yo y nosotros
Vienen por Honduras
los niños no por soledades,

alzando sus alados
muñecos de papel:
ceremonia de la quema
los dolores viejos y los sueños
ya gastados
se dejan ir en las manos
de los niños de mi aldea
cuyos ojos llevan la memoria
no de lo que hicimos,
sino lo soñado
Cumbre del espíritu,
Monteagudo y Lautaro,
copla que viniera
de los ríos de Castilla
cauce de agua
americana, batatas
ensartadas en un palo
dulces que crepitan
en la base de la Cora,
comida y corazón
latiendo reconocen
un alma grande
cercando el fuego

Serenata de San Juan:
lanza el sortilegio,

la imagen de lo hecho
lo deseado, se alza
por el aire de la llama
se canta con el cuerpo
sin palabras
atado en su pañuelo
cuatro puntas el amor
el dolor de lo perdido

y el tambor del corazón
quemándose secreto,
duradero en el alma
de la Cora. Vertiente
de lo humano que se anuda
a nosotros al cuidado
violento y tierno de lo dado
A dar, lo que vendrá
en la noche de San Juan

Todos sabemos: partir es volver


¿Qué se trae de un largo viaje?
La dulce nevada última
que a la primavera anuncia,
the Polish Ryder of Rembrandt,
los rostros en el museo
de inmigrantes, elefantes
sobre la nave central
embalsamados en manada,
y deseos de vivir,
de volver, volver a casa
¿Qué se trae de un largo viaje?
Fudo, ochocientos años
ante tu esqueleto desnudo
rezo, y ruego perdón
por la estupidez humana
-Brooklyn Botanical Garden,
bonsai, joya de familias
japonesas. Desgajado
fue de su comarca para
morir aquí de tristeza-:
capaz de crear también
esta belleza que se trae

de un largo viaje? Recuerdos

insignificantes Marco
Un dogwood florido hace
en la memoria a Georgia
para siempre y son secretos
no comunicables, jaulas
de intensidad donde el otro
yace. Después, los deseos
de volver y chucherías,

acaso no es verdad, Marco?
Joyería desplegada
ante el tonto corazón
que elige, lo visto antes
Su asombro repetido
en los pliegues del ensueño,
Marco mío, qué bello es
el afuera hablando siempre
de casa en sortilegio
Se disuelve y queda, como
tela sutil de una araña
en el aire del alba y
no hay, no, cuento que valga
sino, otro pliegue del sueño
que precisa, para abrir
su dicha, del suelo natal

Abril es oro...

Abril es oro
y mayo rojo
Siena de junio

y descarnada
luz, julio, sueño
preñado en su

agosto verde
inicial. Puntas
que estallan luego

cuando entero
posa septiembre
la filigrana

primaveral
Retorna el rojo
punzante ahora

violados tonos
creciendo al brillo
que ya instalado

corona octubre
de un blanco tul
Lleno completo

que a los sentidos
sacia inocente,
noviembre y luego

quema, promesa

sin fin diciembre
con sus cigarras

cantando a pleno
Marcan cenit
Enero exceso

lujoso hundido
bajo ese sol
La luz de pronto

cambia y, se anuncia
el oro: es
el melancólico

febrero. Fresnos
y sausalitos
inician su

declinación
Así, en medio
del esplendor

ardiente llegan,
lares que se hacen
presentes. Señan

la dicha atroz
del espíritu:
ser, no siendo. Alza

marzo espejismos
de un verano
eterno. Decae

y qué dulce es
su tumultuoso
caer. Un instante

de homenaje y
fata morgana
también. Adiós

amigas mías,
guerras floridas
adiós. Se ha hecho

presente el tiempo
sobre la tierra
que ayer vivimos

Amo tu tajo y
muero por él
Todos los ríos

vuelven aquí
Se trata sólo
de respetar

nuestro hilito
propio, oh sí, fiel
a la ilusión

Abril es oro
y mayo rojo...

Delicada desnudez...

Delicada desnudez
se abre paso sobre el oro
Ven al Sur en abril, dulce
tiempo de melancolía
dorada. Majestuosa en
pequeñez, oruga negra,
bosquecito de espinillas
verde claro por espalda
Trepa, ola diminuta
qué belleza tan perfecta
Quedo viéndola subir
sobre el tronco inmenso
de un plátano inclinado
hacia las aguas del Santa
Rosa. Metro a metro hasta
la cima por la corteza
pintada. Qué precisión
perfecta hermana oruga,
qué amor por vos me arrebata
Criatura del sur tan cerca
de las cosas: dedo, rama,
inocencia y confianza
Gracias por abrir la puerta
Se puede detrás de ti
mirar al mundo. ¿Lo ves?:
liquidámbars que su púrpura
derraman, álamos la
cabellera al aire y más
allá, grandeza de lo
viviente donde mis ojos
ven nada. Invisible el
sentido por las formas
de lo visible traído,

oruga santa, quisiera
tu movimiento de mar
sentir hacia la cima
por la rama, o lo tengo
ya, en la comunión de ti,
en tu confianza? Los Lares
te protejan, amada,
y sepan perdonar esa
torpeza de mi ser,
lo separado, que nunca
llega a unir en el tiempo
ni en los actos, aquello
que percibe su mirada

¿Es la primavera...?

¿Es la primavera la Virgen Annunziata
que al sueño desciende en el oro de otoño
y dormida teje, teje el tapiz precioso,
los mantos del Ande que al Atlántico bajan
en calados de aire y de rosa, primicias
que encarnan y toman el rumor del espíritu
dormido en su sueño mas casi despierto?
Revelación. Se alza al amanecer de Agosto
Es borde impreciso, es dual, Dios Ometeótl:
faisán y lechuza, finísimo en plumas,
corazón atento a la noche y al día
cuando el mundo cree equilibrados los mundos
y la anciana brilla, y la niñita ríe
y las mujercitas danzan, en tanto él,
lucero del alba, abre las sendas del cielo,
extiende su espuma blanca y la tierra ofrece
vuelta un capullo sus claves, festón perlado
toda de amor sin temor ni dueño, escasez
dejada atrás y exceso aún pregnante,
tortolita, mirlito negro, todavía
hay un jade, una turquesa en tu corazón


Lo que se lleva el viento en su rumor

Adentro, o afuera
la mirada empobrece
o regenera. Arte
menor, lo que se lleva
el viento en su rumor
Lo que va transformando
su ser y deja, huellas
para así repetirse
en variación. Semilla
al fin, nada afuera
del marco que el paisaje
ofrece yo quisiera
para mí, para ti
mi voz de arte menor

Entonces, quizás sí
podría decir no
a todo monumento
para dejarnos ir
después de urdir esteras
con las frágiles fibras
del corazón. Esteras
donde otros soñarán
el incesante sueño
de ser para dejar
de ser tan dulcemente
que acune el dormir
de aquellos que vendrán

 Lo que vendrá. ¿A qué?
A mejorar el mundo
en arte menor, parte
intentando borrar
aquel dolor que sufre
y otorga. Historia
donde reposa nuestro
error. ¿Cuál? No saber
somos sólo en aquello
que dejamos ir. Cara
inversa de incierta
plusvalía, mirada
de niña que nos sigue,
un menos de dolor
Orfebrería donde hoy,
quisiera dejarte,
voz de arte, menor