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Clarín, Cultura, 18 de Agosto
de 2004
Una reina descarada
La rampante y misteriosa
originalidad de Marosa Di Giorgio cruzó ya las
fronteras. Quien la lee la adora o cae víctima
de su hechizo. Ha construido un mundo
maravilloso y amenazante del cual no hay salida,
como no hay salida de la vida hasta que la
muerte la enlaza.
Di Giorgio es la voz de una Alicia poderosa y
bárbara perdida en el presente de las cosas. Me
hace temblar, me hace llorar, a veces de risa,
en un mundo físico siempre presente y siempre
otro. Sus palabras no controlan el texto, son
una alfombra mágica, nunca la marioneta del
ventrílocuo, sino la escena de una niña-dios con
infinitas y facetadas caras.
Escribe fuera de la modernidad como nadie que yo
conozca, y la apariencia naif de esta escritura
devela una lucidez atormentada, funciona como
trampolín de quien salta a un espejo oscuro
donde nada se cristaliza y todo es lanzado a la
feroz fuerza de las transformaciones. De ahí el
efecto perturbador que produce su lectura, la
desobediencia, la rebeldía sin causa del deseo.
Se nos va una reina descarada y plebeya, a la
intemperie como todos los grandes, una drag
suntuosa que revolea su capa atenta sólo a sus
propias maneras. Y nos cobija, como a conejos en
el jardín.
Diana Bellessi
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