ATRÁS

Entrevista de Sara Cohen para El Cronista, Arte y Cultura, del 17-7-1998

        Para Diana Bellessi lo lírico es un l diario El Cronista

 

 

 

 

 

 

 

 

En uno de sus poemas usted anuncia la intención del libro: "Vuelvo al llamado del los pueblos, a lo arcaico/en mí". Pero el tema no es nuevo en su poética. ¿Cuál es la diferencia entre Danzante de doble máscara y Sur, su último texto?

—La diferencia es crecer y envejecer, dejar que las cosas crezcan. Que en el campo enorme de la fe ésta sea sometida eternamente al desierto, es decir, al espacio de la duda. Y que el resto, finalmente, cante. Creo que ésta sería la diferencia entre Danzante y Sur. El paso del tiempo en la historia, tanto en la historia comunitaria que me rodea como en mí misma. Lo que quizás en Danzante de doble máscara era voluntad, ahora es canto.

— ¿La autobiografía se arma a través de esta suerte de canto de los pueblos?

—Yo soy una gringuita que viene del campo, de la provincia de Santa Fe. Tal vez por eso tuve la oreja muy pegada desde niña al coplerío nuestro, a la copla rural y a la canción. Esta es una marca muy arcaica para mí y en algún momento se ligó con la tradición literaria de la lengua castellana, y en su entrecruce algo nació.

— ¿Cómo relaciona sus viajes con la creación poética?

—Tengo la noción de comarca grande. Esta es una noción de fines de los años 60 y principios de la década del 70. El lugar donde uno ha nacido es el pago pequeño, pero está inscripto dentro de la comarca grande. Sur no es un nombre original, pero es un homenaje, acaso poco consciente, a ciertas cosas. Detrás de ese nombre está la poética del tango. Pero también figura Ricardo Molinari, que es uno de los poetas que yo amo. En Sur hay también algo de las utopías que vivió mi generación.

— ¿Qué otros poetas resultan sus compañeros de ruta?

—Yo tengo una constelación grande con estrellas que resultan más refulgentes en un período de mi vida que en otro. La lista es grande. Entre los argentinos empecemos por Francisco Madariaga, Hugo Padeletti, Juan L. Ortiz y Alberto Gírri. Si dejo los muchachos, pienso en Gabriela Mistral como alguien muy importante para mí. Por supuesto también Alejandra Pizarnik y Olga Orozco.

—Al acercarse a Gabriela Mistral usted ha mencionado el abordaje de la naturaleza en la escritura de la mujer. ¿Podría ampliar este concepto?

—Por ahora veo cómo en el retablo de la naturaleza comparecen las poetas contemporáneas. Esto es algo que siempre está ahí, y más que pensarlo prefiero que aparezca en los poemas. Pero me parece que la gran lección que da Gabriela Mistral, que es claramente la maestra de Neruda, es que ella cuando aborda la naturaleza no cae en el inventario. Cosa que sí le pasa a Neruda, cuyo proyecto, así y todo, admiro más que su realización. Gabriela Mistral, siendo andina por antonomasia, se inscribe ella misma dentro de la naturaleza. Y lo hace de una manera que no tiene la distancia de la enumeración: Me parece que en las mujeres está la mirada del detalle, prestarle particular atención al detalle de la materia.

— ¿Cómo trabaja el lenguaje?

— El oficio se sigue adquiriendo hasta el final. Reconozco que hay un período de la vida más rudo en la adquisición de las herramientas necesarias para escribir un poema. Creo que después hay una especie de olvido a favor del corazón. En mi caso los poemas siempre salen enteros. Yo no trabajo por fragmentos. Surgen en un mismo instante de epifanía y de gran emoción. Después releo y retoco. Retoco sobre lo que creo que sucedió en el texto y lo mantengo bajo vigilancia mucho tiempo. Para mí lo lírico es un retomo a lo arcaico. En ese sentido es un retomo a la emoción, al corazón, a las marcas de la infancia que son las que señalan la pertenencia a lo humano. La adquisición del oficio es dura, trabajosa y no cesa nunca.

— ¿Se trata de aprender el estilo y después olvidarlo?

—Los chinos decían que el estilo es el espíritu, la crianza del alma. Y la crianza es la responsabilidad del oficio. Yo he jugado intencionalmente con el retablo chino, que siempre leí en traducciones. Por eso uno tiene una somera fragancia de lo que debe ser la poesía china. Pero como viví varios años en el Delta del Paraná y este paisaje está muy emparentado al que comparece en la poesía china, he podido jugar bastante con eso en un libro mío, Tributo del mudo.

— ¿A partir de la posición subjetiva del poeta en la escritura surge el reencuentro de distintas culturas?

—Sí, claro, esto es lo que nos aparta de la sociología o de la antropología y lo que posibilita que el pasado se haga presente y sea lanzado al futuro. Se trata de una emoción alerta, de una emoción atravesada por el pensamiento.

 


 

“Si uno participa de cualquier fenómeno de creación popular, una murga por ejemplo, tiene que estar muy atento, porque todo pasa rápidamente. Y el que no está atento no está adentro. La cabeza y el corazón, entonces, quedan afuera. Con un poema ocurre lo mismo.”

La reflexión pertenece a Diana Bellessi, poeta nacida en Zavalla; provincia do Santa Fe, en 1946. Estudió filosofía en la Universidad Nacional del Litoral y entre 1969 y 1975 recorrió a pie el continente. Su obra poética incluye Crucero ecuatorial, Tributo demudo, Eroica y, entre otros, El Jardín. En 1993 se le otorgó a Diana Bellessi la beca Guggenheim en poesía y en 1996 la beca trayectoria en las Artes de la Fundación Antorchas.

“Yo no transcribo las voces populares —explica la poeta—; ellas me habitan. Yo no voy a rescatar nada porque son cosas que no necesitan rescate alguno. Son voces que me atraviesan y anclan en algún sitio. Para mí las voces de los pueblos son eternamente vanguardia porque están amasadas y brillan como un canto rodado. No son el bla bla de un autor. Cuando el creador abre su pequeño rumor personal al gran rumor del mundo, al gran río, ahí es donde las otras voces hablan junto con la pequeña voz del autor. Ese es el lugar de la poesía.”

En Sur, Diana Bellessi habla del paso del tiempo, de la memoria, de culturas latentes y sumergidas. En sus poemas lo no dicho se hace presente a través de una escritura precisa y sutil. 

“Hay excelentes poetas argentinos que escriben y trabajan conmigo —reflexiona—, algunos de mi edad, otros más viejos y maestros, otros más jóvenes. Yo tengo bastante diálogo con la gente joven. Pero intento que sea un diálogo horizontal, donde ellos aprenden alguna cosa de mí y yo aprendo mucho de ellos. La poesía se ha caracterizado por circular de una manera larga y vasta. Y creo que sigue haciéndolo de esta forma. Por eso tiene esa capacidad de resistencia cultural en las más atroces situaciones históricas. Creo que la poesía conserva siempre abundante salud, aun en las situaciones más difíciles. Incluso cuando parece que todo se cae a pedazos. Creo que la poesía aprendió a lo largo del tiempo a ser como una valijita portátil. Estoy segura de que la buena literatura cada vez se ve menos en las librerías, en los medios y en las manos de los lectores. Me gustaría que hubiese colecciones de poesía en editoriales que tienen mayor capacidad distributiva. Es ridículo hablar de si se vende o no poesía. Yo creo que cualquier producto que tiene una mínima salida o visibilidad, encuentra su lector. En ese sentido deberíamos cambiar el discurso.”

S.C.