Entrevista publicada por La Guacha
La Guacha
Revista de Poesía 
Enero 2002

Jaque a la dama 

Bellessi tiene esa forma de mirar a los ojos, fija en los ojos. Después sonríe, se ríe, se ríe mucho, está relajada, nos relajamos todos, nos invita a tomar mate y tomamos mate, somos amigos -por una tarde- en su casa de Palermo. Y hay una ventana que da a un jardín -una silla en el jardín, plantas altas- y la tarde comienza a caer, en la ventana, en el jardín. Diana fuma mucho, habla y fuma, y pregunta, a ver, contame, y vos ¿quién sos? Casi anochece -oscurece adentro, en los rincones- y hablamos de la guerra, de este mundo, de la vida. De pronto se ha hecho tarde. El primer silencio. ¿Empezamos?

Franco Vaccarini y Mariana Docampo

Fotos: Niní Bernardello

El Viaje

¿Es verdad que recorriste el continente caminando?

Caminando es un decir... era mochilera. Un poco caminaba, otro poco me subía a los camiones... Salí de Argentina con mi amigo Gabriel. Hicimos Chile, Perú y él se volvió y seguí sola.

¿Y cómo vivías? ¿ Trabajabas?

Cuando me fui tenía mi último sueldo de maestrita rural, dinero que se fue rápido, por más mochilera que fuera. Después hice variedad de trabajos. En una época trabajaba en una imprenta en Guayaquil donde hacía de todo: pasaba el trapo de piso y compaginaba los libritos, qué sé yo, y una amiga ecuatoriana me presentó a dos mochileros, una era argentina y el otro brasileño, de los que me hice muy amiga. Ese día quise pagarles el desayuno, porque yo tenía trabajo. Entonces me dijeron: "no, no, nosotros tiramos, la manga y ganamos mucho más que vos en un mes". Y me enseñaron a tirar la manga. Tirar la manga era ir a las oficinas y pedir. Pintones te tiraban unos pesos... Acompañada me animaba, pero la mayor parte del tiempo laburé en algo.

¿Y cuál era tu objetivo? ¿Tenías un plan cuando saliste de aquí?

No había meta alguna. Salí para ir y no saber cuándo volver. Quería andar el mundo. Hicimos un poco de todo en aquel tiempo donde aún había esperanzas, había aventura política. No solamente hacíamos turismo de mochileros, sino que te arraigabas, hacías hogar rápidamente. Y producías en el espacio político y en el literario. También fue la posibilidad de conocer literaturas que no atraviesan las fronteras. Fue bueno y fue grande... porque sobreviví.

Eso está en tu poesía...

Es la fascinación del camino. Después tengo otra, la de estar en un lugar y no moverme de él.

¿Ya tu regreso?

El primer año de mi retorno viví en Fuerte Apache, y después en una pensión en Constitución. Me gané la vida redactando unos fascículos de Rock & Roll, notas y otras yerbas. Luego en el Delta me convertí en una artesana del cuero y otra gente vendía mis cosas en la ciudad. Hacia el 82 empecé a dar clases en Bs. As. Los Vitale tenían un pequeño instituto donde daban clases de música y me invitaron a formar un taller de poesía. Un poco antes di clases de inglés, en fin, muchos años de buscavida.

Y diste talleres literarios en las cárceles... ¿cómo surgió eso?

Eso fue después de la institucionalización, con Alfonsín, cuando Javier Torre estaba en el Centro Cultural San Martín y convocó a la anarco izquierda para hacer cosas gratis, y muchos fuimos. Yo presenté un provecto para dar talleres de escritura en las cárceles v a partir de allí se armó algo más grande que incluía otras disciplinas también. Fui a las cárceles de Ezeiza, a la de Devoto, las dos de Caseros y algunas de Minoridad. La concurrencia era inestable, a veces había treinta personas, y a veces diez. Juntos hicimos un librito que se llama <Paloma de contrabandos editado por Torres Agüero. Los varones en prisión que vienen a un taller de escritura son varones heridos, y la relación que se establece es honda si abrís el corazón y si ellos te creen. Hay lugar para lo último, hay lugar para hablar de cualquier cosa desde un sitio íntimo.

¿Cómo es eso de que fuiste obrera metalúrgica en el Bronx?

En EE.UU. había vivido en el sur del Bronx con una familia ecuatoriana. Me dijeron de inmediato "acá la comida se paga", y me dieron una lista de fábricas donde podía conseguir trabajo como ilegal. Conseguí trabajo en una metalúrgica y de inmediato me pusieron en la peor máquina, la llamaban "rompepatas", porque tenías que soldar unas piezas con un golpe fuerte de las piernas y te las hacía bolsa, mientras laburabas con los brazos al mismo tiempo. O sea que eras una autómata. Pero ahí conocí gente extraordinaria, aprendí un inglés negro, apocopado. Me enseñaba inglés a mí misma por las noches para poder leer en un inglés más letrado, y yendo a las marchas o de un modo u otro, conocí a gente de la resistencia norteamericana. Era la época de Watergate, época caliente. Viví en EE.UU. entre dos mundos: uno latino, ilegal, obrero, y otro de la inteligentzia resistente.

 

La Explosión de los Ochenta

En el libro <La Doble Voz> de Genovese se marca muy bien cómo a partir de los 80 se produce una explosión de poesía escrita por mujeres.

Sí, concuerdo. Contribuimos a la muy buena salud de la poesía argentina en las últimas décadas.

Desde entonces aumentó el voltaje erótico en la poesía...

Los 80 estuvieron sostenidos por viejas brujas que no le hicieron asco a nada: Colombo, Rosemberg, Bernardello, Villalba, Genovese... El erotismo es político, la sexualidad es política, lo privado lo es, decían nuestras abuelas, o sea nosotras mismas. Demás está decir que los nombres que mencioné no son los únicos.

En narrativa no existe ese movimiento...

Es que los narradores quedaron pegados a la ilusión de que por escribir novelas iban a conseguir alguna editorial. De todas maneras, la condición de canto, de brevedad que tiene el poema, facilita la lectura en público que ha sido una de las armas de difusión de la poesía contemporánea. Tampoco hay revistas de ficción, y sí se multiplican las de poesía, tanto como las pequeñas editoriales independientes.

Pero las revistas de poesía tampoco dan espacio para incorporar a la narrativa

 Pero ¿por qué hay que incorporar?  Me parece que primero hay que arar un campito propio y después vienen las incorporaciones. Se dejó de arar, a pesar de que ahora el autor argentino, por más que escriba novelas no tiene dónde publicar, y menos los jóvenes o los escritores experimentales ante la desaparición de las editoriales independientes, las editoriales locales absorbidas por los monopolios extranjeros. Y el cuento, si bien ha sido el género más importante de la producción narrativa que se escribió en el Río de la Plata, nunca gozó de un mercado. Ahora han empezado a aparecer editoriales que cumplen el papel de las pequeñas editoriales de poesía. Esto marca que la narrativa también ha comenzado a construir su propio camino de resistencia. Y últimamente hay ciclos de narradores, o revistas virtuales. Formas de utilizar una franja muy estrecha que aún permiten las nuevas tecnologías.

En la poesía hay como un mundito propio, más solidario.

Pero lo hicimos, no nació de un repollo. Fue una tribu que se puso en movimiento desde los márgenes, desde la nada, y que creció y tiene sucesión ¿me entendés? Con la total convicción de que en el mercado y en el panteón literario no hay lugar para nosotros. Entonces generamos nuestros propios medios de producción.

 

El Infierno de los Noventa

Me resulta chocante la forma de nombrar a los otros en alguno de esos libros, publicados en los últimos anos: el ruso, el tano, el coreano, el "bolita", suena a blanquear, mediante la poesía un lenguaje discriminatorio...

La poesía resalta lo que hay, resalta una existencia, no la inventa, y también la limpia. En el torrente viene de todo, es perturbador y emocionante. Pero han salido algunos libros buenísimos.

¿ Y qué libros te han impactado?

Los libros éditos e inéditos de Osvaldo Bossi, uno de los grandes de la llamada generación del 80. <Segovia>, de Daniel Durand, <Siam> de Andi Nachon. Y entre los más jóvenes Martín Rodríguez con <Agua negra>, <Hacer sapito» de Verónica Viola Fischer. Son libros sin tregua. Pero la lista no se termina aquí, es más larga, no puedo nombrar a todos los que me gustan, y las poéticas muy diversas. Los '90 han sido ricos y furiosos, y como siempre hay retóricas de moda, un magma de donde surgen algunas voces fuertes, un magma que acompaña y está bien, de allí nacen las voces más singulares. Como le escuché decir a Martín Rodríguez hablando sobre los poetas más jóvenes: "algún día nos van a demandar obra. Y muchos la tendrán.

Hablabas del fin de la tradición de ruptura.

Creo que ha habido una especie de golpe efectuado a nuestra tradición de ruptura, que es la auténtica tradición de la poesía latinoamericana, y una "pasada" a alguna otra cosa. Los 90 le abren cancha a alguna otra cosa que tiene que ver con el fin de la clase media argentina. Esta tradición de ruptura en el arte fue paralela a la irrupción de los movimientos sociales durante los siglos XIX y XX. Se enfrenta ahora a un nuevo orden político y económico que ha pulverizado a esa franja productiva, su capacidad de reacción, pero esto abre a su vez otras puertas a modos menos previsibles de la revuelta en el espacio político y en el campo del arte. Se deshacen y rehacen las fronteras, todo se disuelve y cae en el infierno y esta poesía lo representa y yo me saco el sombrero, casi me da pena no pertenecer a esta generación.

El desafío, es saber diferenciar esas voces...

La variedad es grande, vos encontrás poetas que retornan a Tai estructuras cerradas de versificación, y otros que escupen sobre ello, que optan por formatos totalmente sacados de cuadro, con elementos del sencillismo, el hiperrealismo o el expresionismo. Es un tiempo de rica anarquía más que de grupos o revistas, movidas que se arman y se disuelven con gran velocidad y gran impacto. Impunidad y fiscalía conviven en el mismo espacio, hay una vuelta a la rectoría de conciencia, bien o mal, porque a veces la fiscalía tiene argumentación y a veces es un tortazo simplemente, pero hay una fiscalía y eso es bueno. Aunque me corten la cabeza a veces, y me duela, agradezco la fiscalía, te obliga a vigilarte a vos misma, a estar atenta, y la poesía es sobre todo eso, un doble gesto de atención, interno y hacia el mundo.

¿Y cómo se liga esto con poetas como Leónidas Escudero, que ya tienen una obra hecha? ¿Ves alguna conexión?

Cuando vos lees a Escudero y lees lo que se escribe en los 90 te das cuenta que en algún punto se tocan. En el caso de Escudero yo creo que lo extraordinario es que se permite el gesto inocente. Como te decía, primero hay que aprender el oficio, sostenerlo, escribir unos cuantos libros y con fortuna, en un punto se deshace un poco todo y uno se permite el gesto inocente.

 

Diana según Diana

En tus primeros libros se reflejan estos largos viajes...

En EE.UU. escribí un librito en prosa que se llama <Buena ventura, buena travesía pequeña Uli>, tuvo una minúscula edición en el año 91 pero fue escrito en el 74 y tiene algo de diario, para decirlo de alguna forma. <Crucero Ecuatorial nació en Argentina. Fue un libro hecho en una semana, pero no mientras estaba caminando sino en rememoración. En cambio <Uli... > es un libro escrito on the road. Ya < Tributo del Mudo es un libro de "residencia", de residencia en el Delta en plena dictadura, mirando alrededor milimétricamente y saludando cada día en que se seguía viva...

<Tributo... > tiene cierta cosa oriental...

Por el paisaje del Delta del Paraná, que uno puede homologar a las lecturas de traducción de la poesía china. Leí esta poesía desde chica, en traducciones claro, al castellano y después al inglés. Son escrituras que vienen de culturas agrarias, donde la naturaleza y el paisaje están muy presentes... <Tributo... > tiene algo de eso.

¿Fue un título alusivo a la mudez que reinaba en la dictadura o fue una casualidad?

Fue consciente, pero en un doblete. Tengo un amigo querido ahí en la isla que se llama Ramón y es sordomudo, a quien he dedicado algunos poemas. Estaba mi amigo mudo y estaba la mudez de la época. La naturaleza en <Tributo... > es a veces metáfora de aquel momento histórico.

Luego editas <Danzante de doble Máscara>

Este libro es un momento de quiebre que abre un período de mi escritura. Es un libro largo, de largas secuencias, e intenta mirar un doblete de herencias: la europea que viene a través de mi familia campesina pobre, y la herencia americana a la que me inscribí de chiquita por cuestiones biográficas, viviendo con los peones golondrinas que venían para la cosecha, de los dos nortes, este y oeste. Escuché los cuentos que venían de Italia junto con los cuentos y los cantos que venían de aquí nomás. Juntos en la mesa de la cocina y en los galpones donde se comía y se trabajaba en común. Ese libro inicia un intento que lidia con dos tradiciones superpuestas, por eso se llama <Danzante de doble Máscara>

En <Eroica> tomas el tema de un "yo" de mujer que ama a otras mujeres. Y eso ¿cómo fue recibido? ¿estaba legitimado, o sentiste algún tipo de rechaza por ese libro?

Las chicas me adoraron, y los muchachos dijeron que el libro anterior había sido mejor. Hubo quienes lo vivieron con incomodidad. Yo creo que <Eroica> tiene una doble incomodidad. Una es el tema central, que observa relaciones pasionales de todo orden entre mujeres. También aparecen otros significados y el intento de no aislar, sino de unir en el mismo suelo lo íntimo con lo social. Desde el punto de vista formal el modo que encontré para pedir voz fue a través de un astillamiento muy fuerte del discurso, por eso <Eroica> se desplaza de tal manera en el espacio y en el ritmo. Es un libro jadeante, para decirlo de alguna manera, y ésta fue la segunda incomodidad. Los discursos canónicos no han hecho lugar a otros: al de los pobres, al de los negros, los indios, las lesbianas, los gays, etc.; son sujetos fuera del discurso que a menudo intentan el asalto al supuesto centro discursivo. Eso dicen que hice, y a mí me resulta verosímil ahora.

O sea que no eras muy consciente...

Si se es excesivamente consciente, se asesina a la poesía antes de que llegue a ser.

De las pasiones de <Eroica> pasas a <El Jardín>

Siento que <E1 Jardín> es el libro donde empecé a ablandarme. Después del astillamiento de <Eroica> viene el ablande de <E1 Jardín>, en el sentido de una voz que se vuelve más humilde. Una voz que no tiene la manija de nada. No lleva adelante grandes causas.

Usa la metáfora del Jardín para hablar sobre la vida, la muerte, el amor, y también la tremenda caída de las grandes esperanzas de cambiar el mundo. Se dedica a las pequeñas cosas de los seres humanos.

Y de ahí nos vamos a <Sur>

Fue el camino directo a <Sur>. Quizás lo más importante de este libro es que por entonces redescubrí la copla, el Cancionero anónimo, empecé a jugar como una niña que sabe poco dentro de cierta tradición... probar el octosílabo, el heptasílabo, los metros de arte menor. Somos herederos de una tradición de ruptura, aprendimos a escribir en verso libre, un quiebre con ella implicaba atravesar el modernismo e ir a mirar un poco más allá, o acá, al verso popular.

¿Y qué te produjo esa apropiación?

Una cosa muy extraordinaria volver a la copla, descubrir los sistemas acentuales cerrados. Ya no me pude ir de ahí. Y también creo que estoy como ablandando esa cárcel. Ahora veo <Sur> y me doy cuenta de qué durita iba en algunos lugares, cuánto más blandita voy ahora. Algo pasa en el cuerpo y en la oreja, se van acomodando con la práctica. Apoyas la oreja y es extraño, como si una se replegara y algo hablara a través de una, como si la forma cerrada hiciera que una se retirara más y otra voz hablara a través nuestro más imprevisiblemente. Creo que es el caballito de la lengua, porque la lengua castellana está armada en octosílabos, tenemos una respiración octosilábica. Y entonces parece que hablara mucha gente mientras una habla.

 

El Árbol de Diana

Vos decís que un jardín no se autorregula, a diferencia del bosque, y que en ese sentido es un sinónimo del amor.

Sí, lo tenés que cuidar... Esa metáfora del jardín también alude a la historia. Y a la caída de los grandes sueños de cambiar el mundo. No fue sólo el horror de los años de la dictadura, el duelo fue más largo.

¿Es como un recuperarse a uno mismo, desde lo individual, y una derrota en lo colectivo? Uno vuelve a lo privado, con sus heridas...

En el amor sólo se vence cuando se es derrotado. Alguien que no es derrotado sigue sosteniendo la misma verdad hasta cuando ya es ridículo oírla. Ser fisurado, ser derrotado en algún lugar es fundamental. Es lo que te permite el desvío, te permite mirar para otro lado. La palabra derrota se parece a morir, pero en un jardín es poda, recambio, espera y siembra, el jardín no es un "me siento a morir"; es suturar, y luego mirar para algún otro lado sabiendo que una no lo conduce, no lo controla, y que lo imprevisible renace siempre en el jardín, como en la historia.

Es también humildad.

Sí. Me acuerdo cuando Gelman volvió por primera vez a Bs. As. después de la dictadura, tuve una charla con él, y era pura humildad. No bajaba discursos, no bajaba línea. Cuando vas tenés que ir, cuando parás o te paran porque hay golpes en la vida yo no sé..., tenés que mirar lo que pasó, y seguir yendo para algún lado y tenés que prestar atención a la forma en que lo ven los que siguen. Hablo de la poesía, de la política, del arte... Me parece que si no hay esa inflexión no hay sucesión. Y alguno se quedó agarrado a su paquetito de celofán y no lo sacas de ahí.

 

LAS GEMELAS, EL SUEÑO

¿Cómo surgió la idea de editar un libro en conjunto con Ursula K. Le Guin*?

Empezamos a traducirnos mutuamente por el placer de leernos mejor, hiciera no era raro, pero que ella lo hiciera conmigo sí que lo era. Así fue como un día Ursula dijo: "Hagamos un libro con tus traducciones y las mías". Salió en Estados Unidos y después, para mi sorpresa, me llamaron de la editorial Norma y me dijeron que querían sacarlo acá.

Le Guin es famosa por sus libros de narrativa ¿cómo descubriste su poesía?

En una librería de Nueva York me topé con el primer libro de Úrsula,<Wild Angels>, yo no la conocía ni siquiera como narradora. Leí este libro y luego me compré, ya en Bs. As, <El nombre del mundo es bosque>. Morí por ella y leí todos sus libros, poesía, ficción, ensayo...

* Para los seguidores de Ursula K. Le Guin, un dato: en el número 3 de la mítica revista argentina "El Péndulo", segunda época, fechada en septiembre de 1981, aparece un completísimo reportaje hecho por la periodista argentina Diana Bellessi. Todavía se consigue en librerías de viejo.