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Madrid, Sábado 22/05/10
ENTREVISTA: ESPECIAL FERIA DEL LIBRO DE MADRID -
Poesía Diana Bellessi
"Sólo escribo aquello que vivo, que siento, que experimento"

RAQUEL GARZÓN 22/05/2010
Si Diana Bellessi (Santa Fe, 1946) fuera un trago, sería explosivo, aun
peinando canas. Si fuera un libro - es muchos -, sería Tener lo que
se tiene (Adriana Hidalgo), un monumento de 1.200 páginas que reúne
35 años de su poesía y que ha ganado en la Feria del Libro de Buenos
Aires el premio al mejor libro argentino de creación literaria de 2009.
Ella prefiere considerar esa summa poética "inquietante" antes
que consagratoria. "Mete un poco de miedo, ¿no? Los poetas somos autores
de una única edición, a los que muchas veces los lectores llegan gracias
a las fotocopias. Que a una le publiquen un volumen así da alegría, pero
inquieta, más cuando una no se ha muerto y continúa en franco proceso de
producción", bromea la autora de La rebelión del instante,
mientras enciende el quinto cigarrillo de una entrevista que durará la
ceniza de 14 largos y rubios Virginia Slims.
De prestigio internacional, traducida al inglés por la
emperatriz de la ciencia-ficción, Ursula K. Le Guin (con quien publicó
Gemelas del sueño, un volumen con poemas de ambas), y
reconocida como una de las voces que más ha influido a generaciones
posteriores de poetas argentinos (algo que ella niega: "Yo soy parte de
un torrente y es difícil discernir cuánto he podido influir a otros y
cuánto otros más jóvenes han influido en mí"), la travesía lírica de
Bellessi reconoce distintas temáticas y ahondamientos. Comenzó marcada
por una fuerte tradición de ruptura y por el descubrimiento de lo
latinoamericano como seña de identidad (Crucero ecuatorial,
Danzante de doble máscara). Hacia fines de los ochenta (Eroica,
1988), militó en el cuerpo a cuerpo del deseo lésbico, por entonces una
parcela poco frecuentada en la poesía regional. Libros posteriores como
El jardín (1994) y Sur (1998) la fueron acercando "con
una agua que fluye más larga y más tranquila" al paisaje del detalle
como ADN literario, a "la apreciación de lo pequeño, de lo inútil".
"A mí", dirá Bellessi cuando el humo ha ganado el
espacio entre las dos (¿cuántos cigarrillos van ya?), "me cuesta hablar
de lo que no toco. Sólo escribo aquello que vivo, que siento, que
experimento". Confesión a tono con su "vida andariega". Siendo muy
joven, con su último sueldo de maestra rural en el bolsillo, la
"fascinación del camino" la llevó a viajar por América Latina, haciendo
autoestop. Esa experiencia se desdobló en mil poemas y oficios. Fue
contrabandista de poca monta, limosnera en las calles, trabajadora de
imprentas, artesana del cuero, reportera especializada en rock... Vivió
en el sur del Bronx estadounidense como ilegal y de regreso a Argentina,
en plena primavera democrática, formó parte de un proyecto que incluía
talleres de redacción en las cárceles y dio clases para letristas de
canciones. La docencia, los viajes y la escritura (en ese orden o en
cualquier otro) son las pasiones en las que invierte su tiempo.
Tener lo que se tiene puede leerse, pues,
como una autobiografía poética: el entramado cocido a fuego lento de su
infancia en el campo, en medio de la "pampa gringa", trabajada por
inmigrantes de origen italiano ("de chica, yo veía pasar el tren al
atardecer y para mí era como el Transiberiano, de allí nació mi amor por
la aventura"), de sus lecturas ("una persona como yo que se crió en
casas ampliadas de parientes donde muchos eran analfabetos, está marcada
por la pasión por devorar el mundo ilustrado"), de sus diversos oficios
"por deseo y por necesidad" y de su compromiso social. Por eso uno puede
encontrar textos en los que, dictadura mediante, la escritura era
resistencia: "Un aro de música para esta mañana. / Un viento del oeste /
y la decisión de sostener la vida / entre los brazos abiertos", como se
lee en Tributo del mudo, de 1982. Otros protagonizados por "piqueteros"
(manifestantes de distintos movimientos sociales) o por una drag queen
de la noche rioplatense. Pero también, la complejidad de la permanencia,
el deseo de explorar cómo de intenso es lo conocido que regresa: "Tibio
el pan y el café / en la juventud del día / iluminado apenas / por una
nube de oro / que se expande al oriente// como en mí la belleza / de
despertarme aquí / o donde fuera abrigada / por la sangre y el calor /
de esta vida yéndose..." ('Sin asidero').
Tener lo que se tiene, la serie que da nombre
a esta poesía reunida, profundiza su preocupación por la belleza como
"diversidad extraordinaria de la existencia". "El libro se detiene en la
pequeña voz del mundo, en la observación de cada una de estas pequeñas
cosas -una pareja de zorzales, el verano, las ranas... - , que mi ojo
decreta de una belleza descomunal", sostiene Bellessi. "Somos parte de
lo existente en constante transformación, donde el horror y lo
maravilloso son consecutivos y sincrónicos y estamos invitados a mirar
eso, a pensarlo. La belleza es también cómo se rebela esa melancolía".
Allí, la tarea de la poesía: "Su sentido es recordar que lo pequeño es
enorme; que lo que importa, finalmente, es ese tonto pequeño corazón
humano, que de tanto en tanto, a pesar de su sordera, se escucha,
escucha a los otros y escucha el concierto del mundo".
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