|
|
|
Entrevista publicada por |
|
![]() |
Obra reunida. Toda la poesía de Diana Bellessi está presente en su nuevo volumen, Tener lo que se tiene. Una trayectoria literaria que la ubica entre las más destacadas del panorama argentino actual. |
|
DIANA BELLESSI REUNIÓ SU OBRA EN EL LIBRO TENER LO QUE SE TIENE “La poesía está moviéndose con el látigo del tiempo”Es una de las escritoras argentinas más importantes de la actualidad. Su nuevo volumen contiene todos los anteriores y uno nuevo. Cómo retornar con la lengua al lugar de origen.Por Osvaldo Aguirre Tener lo que se tiene es el título de la poesía reunida de Diana Bellessi (Zavalla, Santa Fe, 1946). La edición de Adriana Hidalgo recopila en un volumen de más de mil páginas diez libros publicados, más uno inédito y, al modo de las sorpresas que ofrecen las películas, una pista oculta, un extenso poema que remite a la escritura por venir, como “un talismán para no sentir que es una obra completa, cerrada”. Una oportunidad inmejorable para acercarse a una de las poetas más importantes de la literatura argentina contemporánea, y de mayores proyecciones en las nuevas generaciones. Bellessi tiene una relación ambigua con sus textos publicados. “No releo mis libros, o releo algo cuando una persona me hace un comentario –dice–. Pero a la vez tengo muy presente lo que escribí, aun cuando lo haya escrito hace 20 o 30 años”. Esa memoria articula núcleos de sentido y de indagación que analiza en forma pormenorizada Jorge Monteleone, en el estudio introductorio de la obra, y que quizá puedan resignificarse a partir del ordenamiento cronológico de los textos, algo que “correspondía para observar cómo se mueve la vida de un poeta en su escritura”. –La casa natal, la recuperación de la infancia y cierto espacio familiar es una constante en tus últimos poemas. ¿Cómo definirías ese punto de origen? –El lugar natal es varias cosas: un lugar físico, de infancia, pero además es una clase social. Y también aparece como sentimiento y como diálogo con una lengua natal. Eso estuvo siempre presente, por ejemplo en Crucero ecuatorial, pero se intensificó a partir de Sur y todavía más en Mate cocido, y ese reencuentro con una lengua natal hizo su propio camino. Yo escribo para mis parientes, en el sentido de que, si venís de abajo, para escribir sos empujado a salir de tu clase de origen. Podés no retornar, o podés retornar de alguna extraña manera. En mi caso, a partir de un momento de la vida tuve un fuerte sentimiento de que casi todos los esfuerzos de oreja fueron de retorno. –¿Por qué tuviste que salir de tu espacio familiar? –Yo venía de un mundo iletrado. Tuve el privilegio de salir hacia un mundo letrado y llevar a cabo una gran apropiación, básicamente la apropiación de la lectura y también la apropiación de un oficio. Soy alguien que escribe, en consecuencia mi oficio es un oficio letrado. Uno de los peligros en la vida de escritura es que uno puede quedar preso del proceso de formación, en cuyo caso la posibilidad de tender un puente con tu lengua natal se dificulta. Pero también podés llevar a cabo toda esa adquisición, apropiación, ejercicio imprescindible y necesario, y mantener la oreja abierta a los sitios que son caros a tu corazón, que de eso se trata, ¿no?, para que también haya una posibilidad de extraño y metafórico retorno a lo que la oreja escuchó y amó desde temprana edad. Ese retorno no es mecánico ni implica perder todo lo demás y solamente atarse a la infancia, es siempre una efusión de muchos elementos. Lo que me importa, como lectora de mi propia escritura, es que yo celebro haber podido volver a casa. –¿Situarías ese regreso en algún libro en concreto? –En pequeñas gradaciones está presente en muchos, en el fraseo rebelde y un poco adolescente del libro de Uli, en Crucero ecuatorial, como una lengua que se abre a coloquialismos latinoamericanos pero que también bascula de casa hacia las otras casas. Aquí y allá, hay esfuerzos de otro tenor, que no siempre se ven en la sintaxis, en el color y el tono del verso, pero que aparecen como anhelo, como deseo, como voluntad, por ejemplo en Danzante de doble máscara. Pero donde de verdad empieza a suceder es en Sur, como si con todo lo que fuiste aprendiendo y adquiriendo la lengua comenzara a volverse más blandita, y al volverse más blandita fuera más tuya, y al ser más tuya fuera también de los otros, y de los otros y tuya. –¿Quiénes serían esos parientes para los que escribís? –Lo ajeno, en realidad, es tan propio. Organizamos culturas diferentes, lenguas diferentes, sitios tan distantes unos de otros, pero hay un lugar donde hay una tensión humana tan parecida, donde somos todos parientes. Por otro lado, yo soy curiosa y me gustan los que son parecidos a mí y los que son diferentes. Tengo una curiosidad viva siempre. Uno puede tener una curiosidad que después reduce todo a su propia versión y apreciación o una curiosidad más abierta y tener el anhelo de que el otro se pronuncie y te asombre la diferencia. Pero también hay un concepto de Emanuel Levinas, cuando dice que el ser humano parece caracterizarse por su capacidad de hacer un recorte del ser y que ese recorte lo hace en presencia del rostro del otro. Entonces, de pronto puede sentir una sensación de completud en el diálogo donde uno es frente al otro que también es. Y tus parientes son todos los seres humanos; ahora, algunos son tan miserables que te parecen menos tus parientes. En mi caso me parecen muy reconocibles ciertos parientes a los que rara vez se les otorga nobleza y más bien se les suele otorgar ironía, risa o parodia. Cuando conocés de adentro la nobleza, la belleza, la sabiduría –perdón por estas grandes palabras– que a veces tiene la gente de bajos recursos y poca educación, vos decís “cómo me gustaría que sea para ellos lo que escribo”. Tengo un diálogo sordo y largo y antiguo con ellos. Sin querer hacer con esto una idealización, pero por lo menos sí para confirmar una biodiversidad de lectores que uno tiene. Cuando uno escribe siempre piensa en ese supuesto lector que va a tener un pequeño temblor por el hallazgo formal y musical que uno cree haber encontrado, entonces uno podría decir que ese lector son otros parientes. Pero hay un lugar donde se me cruzan los parientes, y cuando a veces escucho algunas coplas, formadas en el duro oficio del traspaso de lo oral a lo escrito, también digo “pero mirá esa sutileza extraordinaria”, lo cual me recuerda que alguno de mis parientes iletrados es tan sutil como otro de los letrados. –En el último libro hay un poema que se llama “Poética”, supongo que definitorio del oficio, por el título, ¿no? –Bueno, yo hago muchos chistes con los títulos (risas). –Pero ahí está puesto en serio. Decís que la poesía “está simplemente” y circula “en constante transformación”. –La poesía está moviéndose con el látigo del tiempo, el gran maestro, el gran adversario y al mismo tiempo el creador de todas las cosas, lo que nace y muere y se transforma. Cuando digo la poesía quiero decir que lo extraordinario de lo viviente está moviéndose ahí. Creo que los seres humanos somos muy sordos, nos hemos alzado en dos patas y hemos creado la cultura versus la naturaleza con un proceso de sordera grande. Lo poco que logramos aprender y representar es a través de esa sordera. Afinar el oído, afinar la percepción, es decir, no pasar de largo envuelto en nuestro propio ruido todo el tiempo es parte de lo que hace un poeta. Por supuesto, cualquier cosa que uno elige, también si vas a hacer versos, implica el desarrollo de un oficio. No creo que se puedan hacer las cosas desde un espontaneísmo total. Y el camino del oficio no se termina nunca. También podés desarrollar mucho oficio, pero si estás sordo probablemente nunca va a pasar nada. El lenguaje se mueve siempre en un campo paradojal, de afirmaciones y contradicciones constantes. El tiempo pasa, uno se va poniendo viejo y celebra cada vez más el día, la hora, el minuto, lo que se pudo y lo que no se pudo y lo que se tiene todavía. Poner como título a todo el conjunto Tener lo que se tiene, el título del último libro, me parecía bonito en el sentido de que no se tiene quizá lo que uno quiso tener, los ideales de lectura y apreciación del arte de la juventud, quizás uno no logró ser lo que quería ser pero uno tiene lo que tiene. Fue una voluntad humilde la de poner ese título. Decir gracias por tener lo que se tiene y perdón por lo que no se ha podido. |