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La Voz del Interior, jueves 2 de Abril de 2009 Amor a todo lo que vive
Diana Bellessi es una autora fundamental de la poesía argentina. |
| Por Gustavo Pablos "La escritura, el verso en particular, va conmigo desde la temprana infancia", afirma Diana Bellessi. Y asegura que lo que más asombra no es "el misterio de por qué se nace al verso" sino cómo ha persistido "ante todos los embates, en mí o en cualquier otro poeta". La autora acaba de publicar
Tener lo que se tiene (Adriana Hidalgo
editora), un volumen que agrupa su poesía
reunida y recoge libros escritos desde mediados
de la década de 1970 hasta la actualidad. En la
extensa lista conviven Buena travesía, buena
ventura pequeña Uli, Crucero ecuatorial,
Danzante de doble La vida de Diana Bellessi está marcada por una serie de episodios que, como en toda vida, modularon las direcciones y flexiones posteriores de la obra. De adolescente se desplazó de Zavalla, su pequeño pueblo en la provincia de Santa fe, a una ciudad cercana para hacer sus estudios secundarios, y más tarde a Rosario para estudiar Filosofía en la Universidad. A fines de la década de 1960 comenzó un extenso viaje a pie por toda América latina que se extendió hasta un poco antes del golpe de Estado de 1976; cuando retornó al país se instaló en barrios de Buenos Aires, pero tiempo después las tensiones políticas y sociales la obligaron a retirarse al delta de Paraná. Ese espíritu nómade le permitió encontrarse y reconocerse en los motivos y las personas de las sociedades americanas, que se percibe en algunos de sus primeros libros. Pero junto a las travesías vitales están su formación intelectual y sus lecturas, y en su caso, ambas dimensiones parece que se hubieran encontrado y fundido en una voz que ha sabido prolongar y enriquecer las experiencias antes que testimoniar. Bellessi leyó con voracidad poco usual las tradiciones más cercanas (los contemporáneos argentinos y las poéticas latinoamericanas), así como el Romanticismo, todos los movimientos de ruptura del siglo 19 y del 20, y a su vez llegó a la poesía norteamericana "en el intento de traducción". "Y finalmente, reuniéndolo todo, el Siglo de Oro español y el Modernismo –confiesa–. Hacia allí fui de la mano de los letristas populares y también, para rendirle homenaje, de la mano de Gabriela Mistral". Además de sus lecturas están la identificación y adhesión a los movimientos feministas, interés que se le despertó en sus viajes por Estados Unidos y que, entre otras cosas, la condujo a traducir autoras contemporáneas y fundamentales de la lírica norteamericana, como Muriel Rukeyser, Adrienne Rich y Denise Levertov. En esos pasajes conoció a Ursula K. Le Guin, la narradora norteamericana a la que tradujo y con la que después escribió un libro en colaboración. Y acompañando y tensando estas adhesiones, se encuentran aquellas circunstancias más profundas vinculadas a su origen, el de una familia de humildes trabajadores rurales del interior santafesino, condición que de una u otra forma alimenta el ritmo, los sonidos y las obsesiones de sus versos. Una utopía del habla Algunas reflexiones del crítico Jorge Monteleone en el Estudio preliminar agotan, por su precisión y alcance,cualquier posible disquisición sobre las direcciones de su obra: "Toda la poesía de Diana Bellessi se tensa en su propia donación; afirmada en la inmediatez de la mirada hacia el esplendor de las formas, incluye el ideal de una oralidad de lazos comunitarios". O también: "Si en su poética hallamos una utopía del habla, también percibimos una ética de la mirada: el ojo de Bellessi no ve las cosas como objetos sino como rostros vueltos hacia su atención, y esto produce un tipo de saneamiento de la visión, una ‘regeneración’ del vínculo del sujeto con lo real". –¿Cuáles han sido los factores que dinamizaron tu escritura en diferentes épocas? –Si hablamos de aquello que va
modelando tu sensibilidad, y en consecuencia tu
escritura, señalaría el moverme del pago chico a
la Patria Grande, volver a él, y de él, al mundo
para volver a él. No sólo por los viajes y las
largas estadías en otros sitios, sino por el
viaje a través de la lengua castellana que me
brindaron los países de América latina. También
por la meditación inquietante sobre nuestro
idioma confrontado con otros en el habla y en la
traducción. A este suelo abonado llegó la copla,
con su octosílabo a cuestas, –¿Cómo es, en general, el proceso de creación de un poema? –Simple y misterioso. Llega la frase, o el verso, con sus modulaciones sintácticas y acentuales, su tono, su color, y va detrás de algo. Uno lo sigue simplemente. Pero detrás se alza el rumor de todo lo oído y todo lo leído; la constitución móvil del sujeto que se es o se va siendo; la adquisición del oficio; la vida que se vive y sus ideales o valores, siempre lejos de ser alcanzados; la historia, hasta cierto punto impredecible, y las pequeñas vidas de los otros, tan pequeñas como la propia, y tan milagrosas. –Si tuvieses que periodizar tu obra a partir de la publicación de tu poesía reunida, ¿de qué manera lo harías? –Percibo una espiral, diría, que incluye persistencias y rupturas. Siempre se vuelve, nunca al mismo lugar, para retomar el cabo suelto, el fracaso constante, el anhelo que nunca muere de eso que queremos asir, de eso que se escapa y revela topografías previamente no imaginadas de la emoción y el pensamiento. –¿Cuál es tu relación con otras formas de escritura, y qué factores pensás que han determinado tu inclinación hacia la poesía? –Una relación de lectura,
desde la voracidad de la juventud a la más
demorada y paciente de los años Desnuda acción –Si bien no se percibe directamente en los poemas, tu biografía está marcada por adhesiones políticas, sociales, sexuales. ¿Estas preocupaciones incidieron en tu disposición hacia la escritura? –Inciden como podrían haber
incidido en volverme jardinera o activista
social o bailarina o traficante. La escritura,
el verso en particular, va conmigo desde la
temprana infancia, cuando aún no tenía casi una
biografía. Asombra más no el misterio de por qué
se nace al verso –ninguna hermenéutica podrá
revelarlo–, –A pesar de que no se puede reclamar a una obra un compromiso con su época, es frecuente que se hable de cierto compromiso ético del escritor. ¿De qué manera entendés y quizá ejercés ese compromiso? –Lo ejerzo en lucha constante
conmigo misma, con mi propia voracidad de ser,
que me sitúa siempre lejos de mis propios
ideales; con las dudas y las incertezas y la
constante transformación de la mirada; con el
mejor axioma de todas las gnosis de la
humanidad: no le hagás a otro lo que no querés
que te hagan a vos. Con la |