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"TENER LO QUE SE TIENE".
BELLESSI REVISA SU OBRA Y APUESTA AL PRESENTE.
Es justo venir al Tigre a
entrevistar a Diana Bellessi. Es justo, es feliz
digamos, viajar media hora en la lancha
colectiva, entrar en el olor del río y el verde,
andar por el caminito que bordea el arroyo
oyendo el plaf plaf diverso del agua contra la
costa -a veces piedra, a veces madera, a veces
un declive suave-, apurar el paso sabiendo que
la tormenta en ciernes es más promesa que
amenaza.
Es justo: la editorial Adriana Hidalgo
acaba de publicar un tomo de 1202 páginas con su
"poesía reunida", que incluye, además de casi
todo lo escrito de 1974 para acá, un libro nuevo
- Tener lo que se tiene- que da nombre al
conjunto. Y el conjunto -ahí íbamos- está
atravesado por imágenes como "Espejo sin fin las
aguas de la noche", por cuestiones como si "¿Cae
la lluvia sobre las hojas del banano?", por "Un
pato biguá/deja su estela de plata", por "Sauces
y ligustros en apretado abrazo". Por eso:
estamos bien acá, en la galería blanca de la
casa y acá Bellessi dice que releyó todo para no
quitar nada, que decidió "no meterse con ese
sujeto lírico que escribió hace 30 años". Porque
"uno tiene que mirarse a lo largo de 30, 40 años
de escritura"
¿Y qué vio?
Quiero ser sincera: vi
coherencia. La vi en las insistencias y en los
desvíos, en cómo ciertas cosas retornan pero
nunca más al mismo lugar, a algún otro lugar.
¿Qué cosas? El sentido de justicia, la
incerteza, el paisaje humano y físico de América
latina. Y una meditación sobre el tiempo que es
muy diferente a los veintipico que a los
sesenta.
¿Hay algo que hoy le enseñaría
a esa poeta de veintipico?
Sí, aunque también tengo un
respeto por esa bárbara que no sabía cosas que
sé ahora y que a veces obtenía mejores
resultados que los que consigo yo.
¿Qué le enseñaría?
La dejaría salvaje, todo el
tiempo posible. Es más, yo creo que -estoy
citando a Christa Wolf-, como Medea, soy vieja
pero todavía salvaje. Le enseñaría un poco más
de tradición de poesía en castellano, de la
versificación: yo estaba construida en la
tradición de ruptura.
¿Y esa veinteañera tenía algo
que la sesentona no tiene?
Tenía una vida por vivir. El
libro, se llama Tener lo que se tiene por eso.
Digo: finalmente uno hizo lo que pudo y tiene lo
que tiene. Volvemos a la revisión... A veces uno
mira y dice: "A ver quién era yo". Si bien nunca
es "yo" quien escribió. ¿No? Mi sujeto lírico es
lo mejor de mí. Mira con más atención, con más
limpidez, es más certero, es más justo. Si tiene
furia, tiene una furia que yo no opaco, si tiene
un rasgo amoroso, yo no lo opaco con todas mis
suciedades.
¿Y usted lo mira escribir?
Algo aparece, que quiero
seguir, y me siento y lo escribo. Eso se escribe
y luego, cuando leo, suelo querer más eso que se
escribió cuando más impúdico parece. Digo, eso
que se piensa en silencio, pero que rara vez se
va a decir a otro. Eso que, por desnudo, a uno
le daría vergüenza decir pero el poema lo dice.
¿Quién se desnuda ahí?
Mi sentimiento es que ahí se
desnuda cualquier ser humano a través de mi
desnudarme. Frente al miedo, frente al amor,
frente a la mirada de algo mínimo. Enfrentar eso
sin discursos. Enfrentarlo en una zona de
intemperie humana, en el silencio de tu propio
corazón, me parece que es el lugar de la poesía.
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