Diario Perfil, domingo 12 de abril de 2009 

ENTREVISTA A DIANA BELLESSI

“Lo imperfecto es una decisión”

La publicación de “Tener lo que se tiene. Poesía reunida” –editado por Adriana Hidalgo– invita e leer a una de las autoras claves de su generación (Zavalla, Santa Fe, 1946). Una obra que comienza muy a principios de los años setenta y que incluye libros como “Crucero ecuatorial”, “El jardín”, “La edad dorada” y “La voz en bandolera”, en los que se entrega a la búsqueda de una lengua propia para la poesía.

 Por Juan Fernando García


Diana Bellessi

Poeta. La compilación de la poesía reunida de Bellessi permite tener una apreciación de su originalidad

La sostenida producción de Diana Bellessi (Zavalla, Santa Fe, 1946) encarna uno de los lugares más altos de la lírica americana contemporánea. Inclasificable, también transita con singular mirada la traducción y el ensayo. De lengua mestiza, sus poemas parecen tensar la mezcla que biografía familiar y experiencia vital arrastran hacia el decir poético. Entonces, resulta un acontecimiento la edición de su obra reunida, bajo el auspicioso título de Tener lo que se tiene (que a su vez es el del inédito que cierra el libro). Espléndido volumen para una obra que desde comienzos de los 70 ha articulado, con magistral despliegue, los presupuestos de la lírica de vanguardia con las entonaciones que viajes, lecturas, amistades, imprimen en la “pequeña voz del mundo”. Política –temática y formalmente–, con un trabajo rico e inédito en el presente, Bellessi ha producido fuertes rupturas en poemarios centrales (Buena travesía, buena ventura pequeña Uli; Crucero ecuatorial; Tributo del mudo; Danzante de doble máscara; Eroica; El jardín); visita metros clásicos, cincelados en la contemporaneidad, en diálogo con tradiciones originarias (Sur, La edad dorada, Mate cocido, La rebelión del instante), alejada de discursos modélicos y, siempre, una mirada sobre los matices del paisaje amado. Reverberan versos que dan directamente a la memoria del lector atento: “He construido un jardín como quien hace/ los gestos correctos en el lugar errado./ Errado, no de error, sino de lugar otro,/ como hablar con el reflejo del espejo/ y no con quien se mira en él”. Una ética de la escritura que compromete, verso a verso, su propia poética. En la entrevista que sigue, Diana Bellessi habla de su libro, de la experiencia de la corrección, del trabajo con el ritmo que, a partir de Sur (2000), viene cultivando hasta el presente. Amable, la charla se mece en las aguas de un Delta hospitalario. Como una pausa obligada que la desgrabación descarta, las voces se pierden en la plena manifestación de la belleza: las casuarinas sosteniendo la tormenta y un zorzalito bañándose en el diluvio de este mediodía.

—¿Por qué “Tener lo que se tiene” para la compilación de su obra poética?

—La respuesta es simple: salvo algunos libros de juventud que he dejado inéditos, y uno nuevo en el que estoy trabajando ahora, este libro recoge todos mis poemas, todo lo que tengo; por lo tanto, “tener lo que se tiene”, y aceptarlo. Quizá no sea lo que se hubiera querido tener; los ideales de la juventud, como decía Longfellow, “son amplios, muy amplios”, pero se descubre al fin la belleza de la vida en lo que te puede dar; sin cancelar la constante relectura del pasado y los sueños del futuro, el presente te guiña un ojo y te dice: mirá lo que hay, es bastante.

—¿Qué mirada tiene sobre el conjunto?

—Una mirada dulce, ni soberbia ni humillada. Puedo percibir la constancia y los cambios, y también la puerta abierta en la medida en que sigo viva y escribiendo.

—¿Corrigió mucho?

—He corregido muy poco, detalles mínimos, pero hacerlo me ha llevado mucho tiempo, para no traicionar a aquel sujeto lírico que se pronuncia en cada libro, que siente y sabe algo que a veces todavía comparto, y a veces no, por las obvias transformaciones que operan el tiempo y el transcurso de la vida. No obstante, aunque de tanto en tanto con una sonrisa puedo decirte que siempre me reconozco, puedo ponerme el sayo, ver los desvíos o las respuestas o las insistencias de un libro tras otro.

—Como un lugar físico, “Sur” representa el centro de esta obra reunida. Es una bisagra en su obra y una puerta hacia su producción posterior, hasta hoy. ¿Cómo encuentra ese lugar?

—A raíz de mis clases en la cátedra de Letras de la escuela de Sadaic, revisé la tradición de versificación de la lengua castellana y también empecé a releer el Renacimiento y el Siglo de Oro español junto con el Modernismo; la extraordinaria oreja de los músicos populares me enseñó matices imprevistos dentro de esta tradición, y me enamoré del heptasílabo y el octosílabo de arte menor. Creo que esto halló sincronía con un viejo deseo de enunciación, presente ya en libros anteriores, y también me permitió revivenciar las coplas oídas en mi infancia. A mitad de la vida, y siendo hija de la tradición de ruptura del siglo veinte, empecé a jugar, como una niña en el arenero, con formas para las que no estaba entrenada, porque aquello que quería decirse parecía reclamármelo. Así nace Sur, el libro de una hija impropia y un poco sorda que vuelve a casa. Abrió un portal en mi escritura, no sólo por progresar luego hacia el endecasílabo y otros metros mayores, por enseñarme nuevos misterios de los acentos interiores del verso, sino también por una fuerte modificación del yo lírico; otro modo de ver el mundo, más inocente y con menos pudor, diría, fue ganando terreno en libros posteriores. Sin embargo, la síncopa, el corte inquietante, por momentos la libertad o la desobediencia de la tradición de ruptura, siguen allí, y no es mi deseo hacerlos desaparecer; lo que puede verse como “imperfecto” es a menudo una decisión, a la manera de las decisiones en el arte, un poco inconscientes, un poco misteriosas.

—¿Puede pensarse en un abordaje menos “teórico”, a partir de “Sur”?

—Nunca abordo un poema con una voluntad teórica, aunque lo leído y lo discutido estén ahí, como un sonido de fondo. Con los años, sin embargo, creo que se ha intensificado el rasgo de seguir una melodía, de seguir a esa pequeña voz de la poesía sin importarme más nada, y correr el riesgo de parecer una tonta, como cualquiera en la secreta intimidad de las emociones y los sentimientos, porque lo verdaderamente grande está ahí afuera, en la ofrenda de amor y de dolor que continuamente te brinda la vida, el mundo.

—¿Hay una búsqueda premeditada del ritmo?

—Sinceramente, no busco nada, o por lo menos no de manera consciente; tomo lo que se me da; llega el verso, limpito, señalando un camino, y trato de seguirlo en su diálogo con los versos posteriores; oboedire, prestar oído..