|
|
Revista Ñ, 4-4-2009Quise crear un sortilegioPor Patricia Kolesnicov ─ ¿Y no le dio miedo que esto la matara? —Que me matara en qué sentido? ¿Que no pudiera seguir escribiendo o que muriera? ─Que fuera una clausura. —Claro, muchas veces vi ese fantasma en el año y medio en que releí, digamos, que construí la obra reunida. Por eso lo último que hay en el libro es una portadilla que se llama “Pista oculta” y que no está en el índice. — Un bonus track. —El poema que está ahí, “La corona” pertenece al libro que estoy escribiendo ahora. Creo que quería lanzar un sortilegio: “Sigo escribiendo”. Sigue escribiendo, claro. Pero es difícil no mirar hacia atrás cuando se presenta una obra reunida. Y Bellessi, claro, se pasó un año y medio mirando. Por eso no duda: “Mi gran momento de transformación es Sur (1998)”. -¿Qué pasó? —Me topé con la copla. Empecé a dar clases en SADAIC, con músicos “orejeros” y lo primero que entró en mí oreja, que revivencié, fueron las coplas escuchadas en mi infancia. Junto con esta tradición que traía el tango, que es una tradición más culta y de metro mayor. Eso aparece en Sur, donde todavía soy como una niñita jugando en el arenero, porque no estaba entrenada en esa tradición. Y eso está cruzado con la tradición de ruptura. — ¿Por qué ese punto de inflexión? —De pronto, empiezo a prestarles atención a formas más cerradas de versificación, aunque no se nota mucho, en parte porque en mí se casan ruptura y tradición y en parte porque no sabía cómo hacerlo, lo hacía mal. Pero eso empieza en Sur y cambia la posición del yo lírico. El yo lírico da una vuelta y empieza a mirar otras cosas y de otra manera. — ¿Qué cosas? —El mundo, la historia, el canto de los demás, el propio. ─ ¿Y antes qué miraba? —Ah, antes miraba eso, pero lo miraba desde otro lugar, lo miraba desde la poeta joven, todavía omnipotente. Y lo que empieza a pasar en Sur es que esa omnipotencia se disuelve. —¿Y qué pasa cuando se disuelve la omnipotencia? —Qué pasa en los versos no lo tengo que decir yo. Qué me pasó a mí personalmente... Sentí que por fin entraba a la pequeña voz del mundo, a la poesía. |