Quiero agradecer este reconocimiento, y a Diana Maffía por sus palabras.

Buenos Aires es un lugar al que adoro. Ciudadana de ella soy, ciudadana de todas sus turbulencias. Como muchos porteños, no nací en ella, pero me volví de ella, y ella de mí. Cada vez que vuelvo por alguna ruta, o que desciendo en Ezeiza, siento esa alegría loca de entrar a esta ciudad, la ciudad más bella del mundo.

Aunque debo decir que no me considero ilustre, término que proviene del latín illustris y quiere decir, en su primera acepción, distinguido o de noble familia. En sentido formal, se aplica a nombres como tratamiento honorífico, el ilustre gobernador, por ejemplo, o la ciudadana ilustre en este caso; y en sentido vulgar, significa célebre o que destaca en alguna actividad. A la luz de los comentarios del diccionario de lengua castellana que acabo de referir, puedo rescatar la palabra célebre si la asocio a celebrante, o sea, la que celebra, la que celebra algo que está más allá de sí y que convierte a otros también en celebrantes: ese algo es la poesía. Sin embargo, la poesía es desarrapada por naturaleza, anarquista, cabecita negra, boca sucia, y anda con los bárbaros sin ilustración. Es el panteón social y literario el que trata de volver ilustres al poeta y a la poesía. Con el poeta a veces lo logra, con la poesía no, porque es una oveja negra que no se deja llamar al orden y permanece siempre irredenta.

Por lo tanto, agradezco, aunque no sin cierta incomodidad, porque les suele pasar al arte y a los artistas, que estos reconocimientos suenen siempre a hueco. Por un lado, se promociona al arte para dar lustre a una ciudad que, simultáneamente, le niega programas, apoyo material, una atención real y continua. Así el artista, el poeta en este caso, es puesto a la vista, pero no sostenido, no alimentado, no acrecentado en su tarea anónima y cotidiana.

Entonces, y a pesar de la incomodidad, es la presencia de ustedes, mis amigas y amigos, a los que parece no haber acobardado la palabra ilustre, y han venido hoy a acompañarme, lo que hace para mí esta noche la diferencia.

Así como mis maestros, Juan Gelman por ejemplo, José Luis Mangieri o Griselda Gambaro, han estado en esta situación, hoy, no sé por qué, a mí me toca. Y quiero aprovecharla para recordar que es hora de volver concretas y colectivas las promesas que suponen estos reconocimientos. Que el abrazo de la ciudad a los artistas se manifieste en que sus gobiernos lleven a cabo políticas económicas efectivas, es decir que pongan finalmente la ley y la plata. Esto, de una manera que nos comprometa y nos beneficie a todos, sólo lo puede hacer el estado, y el estado debe acompañar, no únicamente con honores, sino con dinero a sus artistas que, como cualquier trabajador, también contribuyen a crear un bien común que debería estar al alcance de todos.

Me refiero a la necesidad de que se promueva una legislación sólida que avale el otorgamiento constante de premios, de subsidios para la publicación de libros y becas de aprendizaje, de pensiones que permitan vivir con dignidad a los grandes poetas argentinos que no han podido contribuir al régimen de una jubilación respetable. Es decir, formas de sostén económico que no queden libradas al antojo o a la buena voluntad del gobernante de turno.

Deseo compartir este honor, que no obstante agradezco, con todos los poetas argentinos… Por la musiquita que se canta por lo bajo, por la pequeña voz del mundo que también lo sostiene, a veces amarga y a veces feliz. Y me alegro también por la oportunidad de haber tenido la palabra para decir esto: que el honor venga con el pan bajo el brazo, y no sólo con el espectáculo de la cultura.

Quiero dejarlos ahora con la banda Tumbamores, este maravilloso grupo de músicos que ha venido a acompañarme como un regalo para mí y para todos ustedes. Gracias.

 

 

 

 

Página 12- Domingo, 25 de abril de 2010

 

LA FIESTA DE DIANA BELLESSI, CIUDADANA ILUSTRE DE BUENOS AIRES 

Un premio que no significa silencio

La poeta fue distinguida en el Jardín Botánico, pero la ceremonia no sólo fue una celebración de la poesía. “Se promociona al arte para dar lustre a una ciudad que le niega programas, apoyo material, una atención real y continua ”, dijo.

Por Silvina Friera

 

 En la casona Thays del Jardín Botánico, todos bailan cumbia con la luna espiando entre las nubes. Hasta el más patadura se anima con una versión cumbiera de “Trigal ”, de Sandro, interpretada por la banda Tumbamores. Adonde se detiene la mirada de los pocos gatos que andan por ahí encuentra asombro. Más de doscientas personas mueven los pies, a pesar de las piedritas que frenan el envión de los cuerpos, pero nunca el entusiasmo de las caderas. Es la fiesta de Diana Bellessi, Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. La “ilustrísima ”brinca con una gracia extraordinaria ahora al compás de un chamamé. “La poesía es desharrapada por naturaleza, anarquista, cabecita negra, bocasucia, y anda con los bárbaros sin ilustración ”, dice cuando recibe la distinción que le entrega la legisladora porteña Diana Maffía. “Es el panteón social y literario el que trata de volver ilustres al poeta y a la poesía. Con el poeta a veces lo logra, con la poesía no, porque es una oveja negra que no se deja llamar al orden y permanece siempre irredenta. ”

“Somos muchos y muchos los que encontramos ecos en la palabra de Diana ”, subraya Maffía. “Estamos celebrando la poesía, la palabra y los cuerpos con la palabra. ”Hay muchos narradores, editores, poetas y amigos, como María Moreno, Paula Jiménez, Jorge Fondebrider, Mónica Sifrim, Gabriela Franco, Yaki Setton, Eduardo Mileo, Ana Cerri, Adriana Hidalgo, Claudia Prado, Silvia Jurovietzsky, Claudia Masin y Alejandra Correa. Bellessi lee dos poemas, “Un decir ”y “Sin alcanzarle el sentido ”. Después habla como ciudadana de esta ciudad que adora. “No nací en ella, pero me volví de ella, y ella de mí. Cada vez que vuelvo por alguna ruta, o que desciendo en Ezeiza, siento esa alegría loca de entrar a esta ciudad, la ciudad más bella del mundo. ”La poeta aclara que no se considera ilustre, término que proviene del latín y en su primera acepción significa “distinguido o de noble familia ”. Ella prefiere la palabra “célebre ”, sólo asociada a celebrar algo. Y ese algo es la poesía.

La autora de La edad dorada, Mate cocido y La rebelión del instante agradece la distinción, aunque advierte que con cierta incomodidad. “Se promociona al arte para dar lustre a una ciudad que, simultáneamente, le niega programas, apoyo material, una atención real y continua. Así el artista, el poeta, es puesto a la vista, pero no sostenido, no alimentado, no acrecentado en su tarea anónima y cotidiana ”, critica Bellessi y menciona que sus maestros, Juan Gelman, José Luis Mangieri y Griselda Gambaro, también Ciudadanos Ilustres, han pasado por esta situación embarazosa. La poeta señala que “es hora de volver concretas y colectivas las promesas que suponen estos reconocimientos ”. La oveja negra que no se deja llamar al orden pide que los gobiernos de la ciudad lleven a cabo políticas económicas efectivas: “Que pongan la ley y la plata ”. “Esto sólo lo puede hacer el Estado que debe acompañar no únicamente con honores, sino con dinero a sus artistas ”.

 
 

Artículo publicado por Página 12

 

Viernes, 16 de abril de 2010

A la vista

Dancing Queen

Designan a Diana Bellessi Ciudadana Ilustre de Buenos Aires

Hace un año, en el Club Estrella de Maldonado, Diana Bellessi presentó Tener lo que se tiene, su obra reunida. Un tiempo antes, en el Museo de Arte Decorativo, el Fondo Nacional de las Artes le otorgaba el premio a la trayectoria. En las dos oportunidades, amigxs, alumnxs y gran parte de la comunidad poética estuvieron ahí, festejando con ella. Lo mismo había sucedido en 2002 cuando su libro Mate cocido fue presentado en el salón de la biblioteca, anarquista de la FLA. De todos sus poemas, los de Mate cocido fueron, quizá, los más cercanos en registro lírico y temática al decir de los sectores populares, y surgieron en los años previos a 2001, consolidándose en el hervor de aquel diciembre. Cuando Bellessi leyó junto a otros poetas en la Asamblea Popular de San Telmo, a beneficio de la construcción de un comedor comunitario, lo hizo sentada en una silla de plástico y rodeada de lamparitas de colores. Entonces lo único que se podía celebrar era la acción mancomunada, la renacida ilusión de la lucha conjunta. Bellessi conocía, conoce, muy bien estas esperanzas surgidas de las fuerzas que se despiertan en los peores momentos. Por un año fue okupa en el Fuerte Apache, durante tres dio clases de escritura en las cárceles, pasó los de la dictadura en una isla frente al Paraná y recorrió el continente a pie, sin dinero, enfrentándose por una larga temporada a las más diversas realidades. Cuando Bellessi dio, ya hace casi una década, una charla en la Universidad de Nueva York sobre Gabriela Mistral, enumeró una serie de cuestiones en común con la chilena y también algunas diferencias. “Somos maestras las dos, somos poetas, yo soy lesbiana confesa y ella no”, dijo la autora de Eroica, esta vez sentada en la silla de una sala de conferencias. Diana Bellessi recibió la beca Guggenheim en 1993, la beca a la trayectoria en las Artes de la Fundación Antorchas en 1996 y también el Premio Konex. Viajó por varios países del mundo para leer en público y para dar clases. Su obra se ha ido modificando enormemente desde el fresco e impactante Crucero ecuatorial (1981). Sin embargo, esta autora es reconocible en cada tramo de su largo recorrido. Para su poética no existe la insignificancia; la exaltación de los detalles de la vida es continua. O quizá sea un error hablar de “detalles” al evocar versos que buscan integrar tamaños y dimensiones aparentemente opuestos. El 23 de abril a las 19, en la Casona de Thays del Jardín Botánico, Diana Bellessi recibirá un reconocimiento: el de Ciudadana Ilustre. Ella misma eligió ser acompañada por las cumbias y alegrísimos ritmos de la banda Tumbamores, para poder bailar todos juntos hasta que las velas no ardan. Se lo da el gobierno de la Ciudad, sí, y ésta es quizás una de las pocas cosas que haga esta gestión acorde con el sentir de un sector de la cultura y del pueblo. Es más: quizá no importe quién se lo entrega en mano, quién diga las palabras alegóricas en esta ilustre ocasión. Que Diana sepa que en el fondo no son ellos, que este reconocimiento se lo damos nosotrxs.

Paula Jiménez

 

Revista Ñ                        30.04.2010

La poesía ilustre necesita honores, y también plata

Por Patricia Kolesnicov

¿Sabrá el lanchero que la señora que se baja de su bote en un muelle sencillito, casi al fondo del arroyo seco, acaba de ser declarada "Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires?

¿Sabrá el vecino de la casa grande, sobre el río Sarmiento, que es ilustre la mujer que aparece a eso de las cinco con su toallita y su perra a ver dónde consigue un muelle vacío -un muelle de casa grande sin dueños a la vista-, para meterse al agua?

¿Lo sabrá la señora de la panadería?¿La chica que se viene desde el Abra Vieja con sus tortas? ¿Lo sabrá El Tata, que escucha la radio todo el día en la galería, con vista a las acacias por un lado, a su suntuosa biblioteca por el otro?

Isleña ilustre, habitante de Palermo desde antes de que fuera nada parecido a Hollywood, Diana Bellessi es porteña por elección -nació en Santa Fe--y lo es de una manera, justamente, muy porteña: con una convicción que no empaña el recuerdo, cierta nostalgia del lugar de origen, cierto no haberse dado de baja del todo de allí, aunque la vida y el canto estén definitivamente acá.

Aunque hace mucho que perfila para "gran poeta argentina", el año pasado BeIlessi tuvo un momento -busco, busco y no encuentro mejor palabra- consagratorio. Se publicó Tener lo que se tiene su obra reunida, y eso fue saludado como un acontecimiento. Hasta figuró en alguna lista de "libros de la década".

Y algo de eso, de celebración de la obra toda, tuvo el acto que el viernes 23 oficializó lo de "Ciudadana ilustre". Un acto oficial, pero raro. Primero, porque se hizo en el Jardín Botánico y no en la Legislatura. Después, porque todos sabíamos que cuando terminaran los discursos vendría la cumbia.

Así que lo que sonó raro en este acto solemne fue la formalidad de la locutora, que anunciaba que Diana (nadie le dice de otra manera) era ilustre, por Ley 3310. "Declárase Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires a la poeta Diana Bellessi", dijo la señora y los "Bravo", Bravo", rebotaron en las paredes y salieron al jardín.  Después habló la diputada Diana Maffia, autora del proyecto: "Queremos celebrar su palabra y haber puesto el cuerpo con la palabra".

Y llegó el turno de Diana. Lo que decíamos antes dijo, que es de Buenos Aires: "Ciudadana de ella soy, ciudadana de todas sus -turbulencias, Como muchos porteños, no nací en ella, pero me volví, de ella, Y ella de mí".

Después dudó de eso de ilustre: "La poesía es desarrapada por naturaleza, anarquista, cabecita negra, boca sucia, y anda con los bárbaros sin ilustración". ¿Qué hacemos acá entonces? Sigue Diana: "Es el panteón social y literario el que trata de volver ilustres al poeta y a la poesía. Con el poeta a veces lo logra, con la poesía no, porque es una oveja negra que no se deja llamar al orden y permanece siempre irredenta".

Agradeció, claro, cómo no. Pero aclarando: "Por un lado, se promociona al arte para dar lustre a una ciudad que, simultáneamente, le niega programas, apoyo material, una atención real y continua. Así el artista, el poeta en este caso, es puesto a la vista, pero no sostenido, no alimentado, no acrecentado en su tarea anónima y cotidiana".

¿Se entendió?, preguntaba Diana. ¿Se entendió?

Sí, claro. Igual, por si hacía falta, reforzó:

"Que el abrazo de la ciudad a los artistas se manifieste en que sus gobiernos lleven a cabo políticas económicas efectivas, es decir que pongan finalmente la ley y la plata”.

Plata, dijo, la poeta. El martes, en un curso, Ricardo Piglia decía, con cierta ironía, que la cultura era el lugar donde no se hablaba de plata. O se habla con incomodidad. y se ve que eso quería Diana, que insistió: plata. "Que el honor venga con el pan bajo el brazo, y no sólo con el espectáculo de la cultura."

Después, sí, abrazos, besos y a bailar. Que estaba todo dicho.