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Tiempo Argentino, sábado 21 de
abril de 1984
Una poesía que abarca a duras
y coquetas
Por Mónica Tracey
Diana Bellessi traduce y reúne en “Contéstame,
baila mi danza”a seis poetas norteamericanas de
intensa reflexión a partir de su ser mujer.
Las seis son mujeres. ¿Qué de más obvio puede
decirse ante la aparición de un libro que
constituye una selección de seis poetas
norteamericanas? Y quien hace hincapié en esta
obviedad es la séptima, la antóloga y traductora
de esta selección, la poeta argentina Diana
Bellessi. Y lo que parece obvio se convierte en
el centro del ser y el hacer de esta antología,
cuyo título, tomado de un poema de Muriel
Rukeyser incluido en el libro, es “Contéstame,
baila mi danza” Ya en el prólogo, Diana
Bellessi, citando a Laura Chester y Sharon
Barba, dice: “Las mujeres deben aprender el
amor, la idealización y la mitologización de sí
mismas, lo que hizo posible para los hombres
pensar en ellos como personas. El primer paso,
consiste en reconocer que una es una mujer, y
empezar a descubrir lo que eso puede
significar”.
Todo hombre frente a la pluma encuentra no pocos
grandes antecesores cuyas máscaras constituyen
el primer paisaje, el primer marco de la mítica
partida. Las mujeres debemos rastrear en este
último siglo, salvo honrosas y escasas
excepciones, a las grandes que avalen nuestra
decisión de hacer literatura, de mamar y dar de
mamar en ella. Muriel Rukeyser, Denise Levertov,
Adrienne Rich, June Jordan, Diane Di Prima e
Irena Klepfisz se constituyen en una parte
importante de ese aval, por la calidad de su
poesía y la calidez de una voz que no es
univoca. Bárbara Deming también forma parte de
la selección y de ese aval, pero de ella no se
incluyen poemas sino un interesante y lúcido
ensayo.
Deslumbrantes y de inusitada potencia, por
momentos los poemas, un lenguaje a veces
coloquial que no deja de suspenderse en la
cuerda del lirismo, una tierna calidez sin
pudor, como en el largo poema que Denise
Levertov dedica a su hermana Olga. Una actitud y
una reflexión engarzadas en diversas
militancias, contra la guerra de Vietnam, en el
movimiento pacifista, en la lucha de las
minorías étnicas, en el movimiento de liberación
femenina; en las luchas estudiantiles. “Quién
hablará de estos días / sino yo / si no tu”,
dice M. Rukeyser. Pero hay más, una militancia
ética donde la sociedad es enjuiciada porque se
enjuicia al hombre, a la luz de valores que no
son los de una pacata moral sino los que, pese a
tanta agua corrida bajo los puentes, siguen
constituyendo el río.
Acostumbrados como estamos a que nos vendan como
poesía comprometida con la realidad social,
verdaderos discursos políticos, como poesía
comprometida con el lenguaje, farragosos y
aburridos descuartizamientos de palabras, como
poesía comprometida, en fin, un lenguaje
despojado de todo lirismo, de toda música, de
toda mitología, la poesía de mujeres
norteamericanas es una sorpresa, deslumbrante y
restauradora. Porque en la reflexión, lo
inmediato no vela la complejidad del ser y en el
lenguaje hay una búsqueda estética.
De Bárbara Deming, decíamos, no se incluyen
poemas sino un ensayo cuyo título es “No podemos
vivir sin nuestras vidas”. Lo interesante de la
propuesta es que la autora sugiere premisas como
punto de partida, como nuevos focos de
iluminación, utilizadas para ver si hay otra
forma posible de pensar, otro sitio desde donde
mirar.
Termina diciendo B. Deming: “Si hombres y
mujeres —y las mujeres entre sí y los hombres
entre sí— aprendieran a reunirse por fin,
simplemente como seres humanos, ni más ni menos,
entonces el amor ya no aferraría a las mujeres
del cabello arrastrándolas lejos de ellas
mismas; y ya no conduciría a los hombres a
buscarse donde nunca se encontrarán: explotando
a otros y saqueando a la tierra misma”.
La antología incluye breves referencias
biográficas y bibliográficas de las seis. Así
nos enteramos que Muriel Rukeyser nació en Nueva
York en 1913 y murió en la misma ciudad el 12 de
febrero de 1980. Que fue autora de catorce
libros de poemas y de seis libros en prosa. Que
fue cineasta de películas documentales en la
década del treinta, periodista en España durante
la guerra civil, militante en el movimiento a
favor de los derechos civiles de los negros
norteamericanos y el movimiento en contra de la
guerra de Vietnam. Y que en 1975 siendo
presidente del Pen American Center, viajó a
Corea para luchar por la vida del poeta Kim Chi
Ha, donde permaneció bajo la lluvia ante las
puertas de la prisión, después del segundo
ataque de apoplejía que finalmente la venciera
cinco años más tarde.
Los datos acerca de Denise Levertov son mas
breves. Nació en Inglaterra en 1923 y llegó a
Estados Unidos en 1948, donde permaneció desde
entonces. Ha publicado trece libros de poesía y
uno de ensayos.
Adrienne Rich nació en Baltimore, Maryland 1929.
Se graduó en Radcliffe College en 1951, año en
que su primer libro de poemas fue publicado en
la serie de Poetas Jóvenes de Yale, luego de
haber ganado el concurso del mismo nombre con un
jurado presidid por W. H. Auden. Varios libros
de poesía y dos ensayos constituyen su
producción. En, una entrevista personal entre A.
Rich y la antóloga, dice aquélla acerca de “Necessities
of live”, libro publicado en 1966: ‘‘Hay allí
muchos poemas sobre la muerte. No pienso que
tuviese intenciones de suicidarme en aquel
tiempo, pero sentía que había cierta clase de
muerte esperándome. La muerte como poeta, como
mujer, si no podía hablar de los temas que había
empezado a entrever. Retroceder sin poder romper
el silencio significaba una especie de muerte. A
fines de la década del 60 me relacioné más
profundamente con el movimiento feminista, y
producto de esos años fue “The will to Change”.
Mi propia vida cambió por lo cual necesitaba,
poéticamente, otras formas expresivas que lo
manifestaran. Empieza a ser posible para una
mujer decir la verdad sin tener que
codificarla…”
June Jordan nació en Harlem, Nueva York en 1936.
Creció en los ghettos. Harlem primero y en la
sección Bedford-Stuyvessant de Brooklyn después.
Ha publicado diez libros de poesía. Dice Diana
Bellessi: “Difícil y pobre resulta la traducción
de esta poesía. Gran parte del fuego, el rimo,
los juegos verbales, se pierden. Es casi
imposible recrear en castellano el particular
uso del inglés que hace la gente negra en
Estados Unidos.” Dice June Jordan: “He aprendido
a pelear y estoy aprendiendo a amar. Trabajo con
intensidad y espero que mi trabajo nos ayudará a
liberarnos del culto al odio y a la muerte,
lúgubres poderes que dominan al mundo.
Diane Di Prima nació en 1934 en Nueva York. Fue
directora de “The Floating Bear’’por cinco años,
de “Kulchur” por un año y directora asociada de
“Signal Magazine” desde 1963. Vinculada con los
poetas beatniks —Ginsberg, Corso, Ferlinghetti—.
Di Prima ha publicado nueve libros de poesía,
uno de los cuales, “Cartas revolucionarias”,
dedicado a Bob Dylan y a toda una generación
adolescente en la década del sesenta, fue muy
conocido entre los jóvenes de San Francisco.
Irena Klepfizs nació en Varsovia, Polonia, en
1941. Llegó a Nueva York a los ocho años. Como
judía conoció en carne propia la persecución de
los nazis, su padre fue un héroe de la
resistencia. Publicó, dos libros de poesía, fue
fundadora de la revista “Conditions” y
traductora.
Bárbara Deming nació en Nueva York, en 1917.
Poeta, narradora y ensayista, comprometida con
el movimiento por la igualdad de los derechos
civiles y el movimiento pacifista. Conoció en la
década del sesenta las cárceles de Alabama,
Georgia, Nueva York, Washington. Fue expulsada
de Saigón al intentar protestar allí contra la
guerra, y visitó Vietnam bajo las bombas.
Publicó siete libros de poesía.
Mujeres, en fin, mujeres. Y su canto, lejano a
toda ingenuidad, consciente del dolor, poético,
vital y esperanzado.
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