El Porteño, octubre 1985

Diana Bellessi, Danzante de doble máscara, poesía, Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1985, 122 páginas, ilustraciones de tapa e interiores; Graciela Fernández León.

 Por Jorge Warley

danzante de doble máscaraEste cuarto poemario de  Diana Bellessi es un libro difícil que propone un registro tan vasto como el que supone la superposición de epígrafes de Lezama Lima y Eva Perón. En este sentido ‘Danzante de doble máscara es un trabajo desprejuiciado sincero:

Desprejuiciado en tanto rompe con los registros poéticos tradicionales y “de moda”, para intentar uno propio que, en lugar de proponerse como lugar cerrado, se abre a diferentes formas y discurso.
Se permite hablar de la historia (en realidad, el libro es una historia). Por supuesto, no se trata de una “historia de la totalidad”, sino de fulgores, fragmentos, datos, que posibilitan también, una voz reflexiva (“No tengo saga que contar / ni epopeya / sostenida por la espada / en el anca briosa de una yegua. / Pero sí / un puñado / de historias que rescatar / donde se cuentan./ Para memoria de la Aldea.”). Una especie de saber consuetudinario, de historia oral que conserva en la tierra que se pisa, que se ha escuchado de labios de los padres. (“La tía Asunta contaba cuentos / llenos de viejas maldiciones y milagros / ligados al sudor, la justicia, el trabajo. / Polvo enhebrado a las voces / de las cocinas y establos de Italia / Polvo, palabras,/recogidas por los niños/de su familia como herencia / de clase y sangre fragmentadas.”). Una historia que se sostiene en la voz del mito y la tradición.

Poema de la materia de lo creado, de lo que se crea (“En la irreconocible marea de la materia que cae.”); un poema descentrado, que se construye en la asimetría y en la confusión de imágenes. Una poesía “vieja” que apela al epíteto para nombrar y describe el Génesis como la danza de fusión y separación de sujetos y objetos (“Lo que dormía, despierta. Todas las formas se confunden, todas desean el abrazo y el tajo que desune, El muchacho-niño se deleita en adquirir la forma del deseo; Piel y pluma, pico y zarpa, olor llamada fuego liquido y nube el cuerpo el gesto.”)
Poesía de cuerpos, de cuerpos mezclados, que cobran vida a través de una particular dimensión rítmica (que pasa también por los nombres)(Manchón de lirios,/ Azulejo y tucán / Ciervo de los pantanos / Ultimo paso de la danza / Ivimarae’i / Halcón de ópalo dorado/ sobrevuela su cabeza./ Baila.”). Cuerpos cubiertos, vestidos, que convocan cierto regodeo en las texturas de tradición dariana (‘Pieles de sedoso tacto / y cuero endurecido / en el humo otoñal / de las hogueras. / Pectoral de fuego...”).

Las ilustraciones de Graciela Fernández León que acompañan al texto son particularmente adecuadas, refuerzan esa significación doble, de la totalidad y del fragmento, propios del mito, que sostienen los versos.
Una inscripción doble es también el pasado:, los primeros habitantes de la América y la inmigración, un doble espacio que reúne y sutura el texto dramático-poético que se ubica en el centro del libro, (“Ulrico”,—textos para una ópera de cámara—), Una historia de hibridación que tiene sus dos momentos centrales en el de la creación (“Las rebeliones sepultas envenenando el marasmo de los ríos, y una mano asida en la oscuridad, nudosa, viva, estertor traducido al lenguaje del cuerpo y el tacto. Balo: historia secreta, danzante de espantosa máscara, único territorio no colonizado.”) y el de la mezcla. “(Todos se vinieron / menos aquel corazón / de música apretada /y silencio denso.) Rosarios / sostenidos /frente a la jeta del patrón / la vaca / la cuna y el osario / Rosarios sostenidos / en negra procesión / enaguas y pañuelos / los rostros de la Virgen / enmarcan la violenta / cesura de la imagen”).

Danzante de doble máscara es un excelente libro que opta por negar la poesía como discurso absoluto, como depositario de un tiempo absoluto (“El tiempo ha cesado/de ser circular y eterno”), para concebirla como a un espacio abierto a otros discursos, a otras a formas, a la historia simplemente de eso se trata, como necesidad y materia.