Un nombre pequeñito

por Jorge Monteleone

Beatrice o Salomé, Laura o Cleopatra, Elisa o Carmen, Justine o Juliette: virtud o vicio. Ambivalencia de la figura femenina que, en la imaginación literaria de los hombres, oscila entre una angélica pureza y una oscuridad diabólica. Objeto de una escritura, el nombre femenino estableció así el polo de las correspondencias literarias, el símbolo primero, la ocasión.

Si Valéry proponía una historia de la literatura donde los nombres de autores fueran omitidos, también podría escribirse otro cuyo eje fuera el nombre de mujer que preside y la imagen femenina que sostiene cada escritura. Pero esta historia, en sus mejores variaciones, tendría una ausencia infinita: la mujer. En un breve ensayo de 1988 Diana Bellessi escribía: “El poema eres tú. Cuántas veces, en distinta frase, esta imagen se repite en la historia de la poesía (...). El poema eres tú desplaza a la lectora y a la poeta del lugar del productor. Ella es el texto o la página en blanco de él, una y otra vez, realiza el texto”. Y además: “Bajo cada épica escrita, pulsa y susurra su contratexto: el habla y la escritura de las mujeres. Reconocerla, desenmudecerla, integrarla luego a la voz altisonante que restalla en la superficie social, fundará una nueva escritura, y probablemente un mundo nuevo. Exige el descenso a una misma, con un discurso prestado: el del productor. La revisión de la propia vida frente al espejo de las vidas de todas las mujeres de la historia”. Este libro de poemas en prosa, fechado en l974, no es una mera ilustración de esa tesis, sino su anticipo, el complejo teatro de esa peregrinación verbal.

La malicia masculina, en la menesterosa confidencia de las peluquerías o de los cafés, alude al ‘cotorreo”de las mujeres cuando se reúnen y parecen hablar al mismo tiempo. La estética de las voces superpuestas es la lección que esta poesía da a esa injuria. En el libro de Bellessi no hay una voz dominante, sino un coro virtual, cifrado en nombres y hechos y dramas de amores de mujeres que, sucesiva o simultáneamente irisan la escritura constante y los signos de puntuación desaparecen. En esos blancos, en esas pausas va eslabonándose, como una azarosa memoria, el habla femenina. Un nombre, como una invocación, la apela: Uli. Imanta las miríadas imágenes que pueblan el poema y que van cubriendo, con regueros de palabras la distancia entre los poemas y el paisaje exterior del mundo. Uli, la figura de figuras imaginarias. Dibujo “el dibujito” , ese otro paisaje tembloroso e infantil donde las líneas convergen y divergen en numerosos recuerdos. Líneas del dibujito que es como un tatuaje hecho de letras. Pero a la vez otro nombre de mujer está tatuado en el corazón de Uli: Nadia, memoria de un amor.

Y a la vez, en fin, las vidas femeninas como “huellas de infinitas historias de desgracias” están tatuadas en el cuerpo de Una. Una canta, Una es el cuerpo del poema que recorre Uli, en cuyo corazón está y no está Nadia. Tres nombres, tres voces que se atraviesan mutuamente y que vuelven al poema cambiante y móvil, como una espesura de sus ecos. Uli/Nadia/Una. Uli, reserva de todas las imágenes; Nadia, lugar vacío y latencia de la amada; Una: voz de la transformación poética. Uli: múltiple. Nadia: nadie. Una: sola. Estos sujetos entrelazados en la escritura producen una dicción que no puede atribuirse a nadie en particular, pero si a todas las voces. Entre la multiplicidad asertiva de la imaginación poética y el vacío vívido de la memoria, se pronuncia esa voz plural que se propone su utopía: contar “las vidas de todas las mujeres de la historia”. Espejo de lo femenino: “Uli se hace invisible y visible otra vez en cada Hermosa que arrasó la pasión cada chica poseída por el deseo de ser el mundo en cada otra que descubre la destrucción o tu adiós”. Erotismo y solidaridad, lucha sexual y amorosa pacificación, política del gineceo en la flor del lenguaje.

Diana Bellessi (Zavalla, 1946) publicó varios libros de poesía: Destino y propagaciones, 1970; Crucero ecuatorial,1981; Tributo del mudo, 1982; Danzante de doble máscara,1985; Eroica, 1988. Realizó una antología de poetas norteamericanas contemporáneas (Contéstame, baila mi danza, 1984) y una recopilación de textos escritos en cárceles de Buenos Aires (Paloma de contrabando, 1988). Escribió Uli, dibujado nombre pequeñito, preferible siempre a las firmas de grandes volutas y a los anillos de sello de hombres circunspectos.