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Página 12, 26 de diciembre de 1993 Los 12 ElegidosEl Jardín figuró entre los doce títulos seleccionados por Página 12 como los libros más destacados del año. |
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Reseña publicada por El Cronista Cultural en su edición del 7 de Junio de 1993 La Pasión en detallePor Delfina Muschietti Dobleces y desdoblamientos,
jardines oscuros y claros, paradigmas y espejos.
El último libro de poemas de Diana Bellessi es
una gran metáfora, llena de imágenes que
convierten los significados de las palabras en
excelsas sensaciones. |
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Clarín, suplemento Cultura y Nación, jueves 23 de diciembre de 1993 Poemas desde el jardínPor Daniel Freidemberg Un jardín, si se lo mira bien, puede ser un espectáculo asombroso, un territorio donde la vida y la muerte llevan adelante un juego infinito. Pero además el jardín es el lugar creado por el civilizado animal humano para incorporar a su vida doméstica algo de naturaleza, que no por eso deja de ser radicalmente ajena. De ese estupor, de esa admiración y ese dolor está hecho El Jardín, probablemente el libro de Diana Bellessi que más abiertamente asume la atención hacia “lo otro” propia de toda la obra de esta poeta argentina. Por eso mismo, en El Jardín la búsqueda de Bellessi se pregunta por si misma y choca con sus límites y sus inseguridades. De ahí también, en gran medida, el desafío que supone leer estos poemas, hechos de contradicciones no resueltas, de alusiones inciertas y, sobre todo, de una preferencia por lo fragmentario y lo inacabado para no traicionar la fuerza original y el movimiento propio de un pensamiento muy atento a los movimientos más sutiles de la imaginación y la sensibilidad. A eso parece responder el aspecto de apuntes tomados como quien aferra en el papel la ocurrencia o la sensación antes que se deshagan. Son, se diría, anotaciones de una conciencia reflexiva y acosada por su necesidad del amor del mundo, pero también el balbuceo y el hermetismo dan la impresión de responder a otros dos motivos: uno, que se podría denominar “ideológico”, estaría en la decisión de impedir que cualquier idea “cierre” y se complete, y el otro, estético, tendría que ver con los cortes, los desfasajes y los desvíos que se producen en cualquier discurso cuando lo domina una poderosa necesidad de resolverse en música, ya que precisamente a su manejo de la respiración rítmica y las sonoridades debe esta poesía la capacidad de seducción que la caracteriza. Más sincopada que nunca pero también más argumentativa y “filosófica” la escritura de Bellessi se ve ahora ganada por el desasosiego. Por el carácter contrastante y trunco de los planteos, por la nerviosidad del fraseo y por su alternancia de líneas plácidas con un avance a tropezones. O esa otra alternancia entre el simple registro amoroso de lo existente y la irrupción de un “yo que observa” y comenta lo que ve: Caminé en la primavera temprana / por los senderillos de las islas / viendo a cada árbol encender su gracia / definitiva. Detenerse en el detalle / precioso de la forma. Yo su, hermana / ¿con mi corona de zarcillos propios? Más allá de los acostumbrados debates sobre si habría o no una mirada “femenina” en tal o cual libro o película, toda la obra de Diana Bellessi puede verse como una empresa de construcción de una mirada diferente, ya desde su primer libro, Crucero ecuatorial (1981) y sobre todo desde Tributo del mudo (1982). Se trataría —y en El jardín esto es explicito— de negarse a formar parte de cualquier orden que pueda considerarse “patriarcal”, de excluirse deliberadamente de la Historia y de toda proposición que tienda a lo preciso pulido e inapelable y, sobre todo, de cantar a la “belleza de la diferencia”. Las cosas tienen que, contradecirse, sugiere la poeta, para sostenerse mutuamente, y a su manera todas tienen su propia belleza y su propio saber. Un tema de El jardín es, precisamente, la utopía perseguida: El ojo sufriente pide tregua: reposar / en el hombro del hermano. Y la encuentra. / Halla una poesía exenta / de fascinación y odio / proclamados. Pero con igual fuerza esta presente la realidad que se le opone: la injusticia, la crueldad, la violencia. Parecería que no se puede, a pesar de las mejores intenciones, dejar de odiar, ni quedar al margen de las pugnas del mundo. |