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Revista Ñ, Buenos Aires, 4 de
Abril de 2009![]() Por SARA COHEN Diana Bellessi es la poeta que más impacto ha producido en toda una generación Al encontrarnos con su poesía reunida en un volumen de 1200 páginas, Tener lo que se tiene, no ponemos en duda la dimensión literaria de la producción disparadora de tal efecto. Con un riguroso estudio preliminar de Jorge Monteleone, quien ha trabajado a través del tiempo con la obra de Bellessi, ingresarnos ene1 territorio lírico de la poeta. “El lirismo más puro es siempre arcaico. Señala una sola cosa: nuestra pertenencia. A la casa de lo humano, a la casa de la materia por supuesto, y al pequeño pago de la lengua”, sostiene Diana Bellessi, “Qué decimos cuando decirnos lírico, o más bien, cuáles son los ecos que la palabra porta como una estela? Lírica es una voz desnuda en la impudicia de volverse sobre sí y hallar, en lo profundo del yo, aquello que lo re- basa, aquello que también le hace lugar de habla cuando se hablan las pequeñas cosas, las pequeñas voces en concierto.” El detalle ínfimo, el habla, lo pequeño y el más ambicioso de los proyectos, están ahí en esa voz que oscila entre las alturas de lo sublime y la autenticidad del gesto cotidiano. Es una vasta obra en la cual se percibe un entramado, La poeta posee una sensibilidad entrenada y una capacidad de reflexión que se encarna en el poema a través de lo sensorial. Como muy bien dice Monteleone, su obra conforma un sistema: “cada libro perfecciona y a la vez modifica ese sistema, indagando aspectos que el libro anterior había previsto pero no agotado”. Cuando Bellessi escribe en “Sur”: “Un mundo sin nombre para lo propio y/tatuado por los nombres de lo ajeno”, o cuando escribe en “El jardín”: “He construido un jardín como quien hace/los gestos correctos en el lugar errado/Errado, no de error, sino de lugar otro,/como hablar con el reflejo del espejo/y no con quien se mira en él”, ella asume una posición. ¿En qué consiste esa posición? En principio es algo que se construye a lo largo de una obra, después se conceptualiza. la poeta ha aclarado: “Esos instantes donde la voz lírica canta, ella, no el poeta, ha rozado finuras del alma humana. Desaprende después de haber aprendido, recuerda lo que no ha olvidado nunca, pero ahora tiene verbo, tiene música y vuelve a casa, al cauce profundo del río donde la voz del mundo canta”. Con la humildad de quien aprende a mirar y escuchar, la poeta ha hecho uso, con un admirable trabajo de la lengua, de todo aquello que la atraviesa: la tradición literaria de la lengua castellana, la copla rural, lo épico y lo erótico, la pequeña y la gran historia, el pequeño y el gran escenario de la naturaleza. Podríamos pensar que los sucesivos libros aquí reunidos constituyen un relato, una identidad de autor, a través de una voz que es la del poema. Ha dicho Diana Bellessi que su vida en la escritura ha implicado un desplazamiento permanente: “La condición de leona de varios mundos que incluían, en primer lugar, un desplazamiento de clase social en cuanto a educación institucional adquirida, un desplazamiento del campo a la ciudad, un desplazamiento de lugar en cuanto al género, ya que no había demasiadas mujeres moviéndose como vagabundas por las carreteras del continente, un out of the closet como lesbiana”. Ha hecho también referencia a su elección de lecturas en inglés —es notable su traducción de poetas norteamericanas contemporáneas— en un camino de búsqueda hacia diferentes caminos de resolución en la escritura. El lector encontrará en su poesía reunida “Buena travesía, buena ventura pequeña Uli”, “Danzante de doble máscara”, “Eroica”, “El jardín”, “Sur”, “La edad dorada” y “Tener lo que se tiene”, entre otros, Lo. que Diana Bellessi tiene es receptividad poética para transformar en canto aquello que existía en estado inaudible o no existía bajo forma representable. Para ello acude a distintas fuentes, y como es una gran poeta, ellas confluyen en un texto absolutamente singular de gran aliento lírico. Cada libro tiene su propuesta. Se podría enfatizar algunas diferencias, sabiendo que sus libros volverán una y otra vez a lo que para la poeta es inagotable. El tímio de la poesía reunida es el del último poemario inédito hasta el momento de esta publicación, un poema que lleva el título del libro dice así: “Sólo me faltan rastas en el pelo blanco/de tan quemada por el lindo sol de marzo/sobre el río cuyas aguas se enfrían más y/más cálido el sol y helada el agua y después/el frescor de la atardecida bajo un manto/de rocío que arrastra delicadamente/marzo para largas caminatas, Talita/corretea por su coto de caza y yo/recibo las mejores melodías, versos/que se arman solos en mi cabeza alineándose/en la increíble caja de resonancia del agua,/volvemos a casa luego para dormir/como santas Talita y yo viviendo un rato/como queremos, dejá que barra cualquier/melancolía en la mañana temprano/y tener lo que se tiene, dejame el presente” para llegar a ese solo presente con versos “que se arman solos” en su cabeza, la poeta exploró el habla, la belleza y sus formas, afinó su sensibilidad en la “caja de resonancia del agua” del Delta y caminó América, no sólo a píe, sino a través de la búsqueda formal en sus poemas. Habrá que creerle a los versos que hablan también de aquello que se afina: “Dicen, se dice que../la finura del alma/en los actos se gana”. |
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Página12, Radar Libros, Domingo 12 de Abril de 2009El sermón del silencioPor Paula Jiménez Tener lo que se tiene, la poesía reunida de Diana Bellessi, pone en circulación diez libros anteriores, un nuevo volumen hasta ahora inédito y adelanta algo de su futura producción. Es que la viva pluma de Bellessi resiste a todo cierre de sentido, y esa “pista oculta” con la que culmina el libro vaticina lo próximo a recorrer. Si bien el título de esta obra (compartido con el del libro que se edita aquí por primera vez) parece expresar una suerte de balance poético, tal enunciación señala la imprecisa, pero acotada, cantidad que, según Bellessi, puede poseerse y simultáneamente nos posee, medida que no sabe decirse en términos comparativos de exceso o carencia. Lo que se tiene no es, ni más ni menos, que el instante presente. Así, Tener... se instala para la autora en un tiempo actual en el cual se rememora y a la vez se anticipa su poética. Esta concepción temporal no sólo hace en gran parte al imaginario bellessiano sino que también signa, en lo concreto, la aparición pública de su obra: el tiempo viejo trae consigo el germen del porvenir. Dice en el poema Estampa argentina: “Hechizo de lo menudo haciéndose/ visible al frío creciente y atrás/ franjas color celeste del cielo/ alegre, claro. Ese es el niño/ que el invierno trae de su mano”. Lo pequeño en su fraterna polaridad con lo inmenso, lo visible con lo invisible, el día con la noche: su poesía pareciera buscar una situación fronteriza donde lo opuesto confluya y se haga presente en un espacio que, como la “tierra sin mal” de Danzante de doble máscara (1985), nos entregue una imagen posible. Dice Bellessi en las notas finales de éste, su cuarto libro, al respecto de esta “tierra”: “Ivimarae’i, una aldea igualitaria, basada en la solidaridad y la ayuda mutua de todos sus componentes, unidos por el sobrio abrazo del trabajo en común, la música y la danza”. Así, esta imagen mítica se convierte, como todo mito, en un “sur” hacia donde orientarse y en el objeto de una auspiciosa melancolía que guía el retorno. En “Detrás de los fragmentos” –también de Danzante...– dice: “Palabras italianas, guaraníes/ quechuas/ se mezclaron desde niña/ en mi alfabeto”. El tema de las raíces comunes –no sólo en términos de pertenencia a una cultura latinoamericana y conflictivamente sincrética, sino también a la especie humana– es una preocupación expresada desde su primer libro, Crucero ecuatorial (1981), basado en experiencias de viajes en su juventud. Allí pareciera decirnos que la proximidad sensible con los otros nos revela algo propio, se esté donde se esté. Durante su recorrido poético, Bellessi avizora un objetivo: atravesar las diferencias que separan para dar con la perla de un lenguaje común. Claro que esta búsqueda –temática, pero también formal, ya que desde el comienzo su poesía persigue al habla e intenta amalgamarse con ella a través de procedimientos líricos–, esta creciente exploración, toma diferentes formas, que van desde la comunión de culturas diversas al encuentro amoroso, como en Eroica (1988), o a la observación del paisaje, al que también se incorporan los ojos que lo miran. La compasión, es decir, la identificación amorosa con el resto de los elementos de la creación, opera poéticamente como una fuerza capaz de revolucionar el orden establecido para el cual rigen jerarquías injustas y arbitrarias, y de subvertirlo a través de una voz, un modo de decir que modifica la representación misma del poema. Esto es lo que hace de los versos de Bellessi una poesía profundamente política, más allá de su elocuente toma de posición en, por ejemplo, Mate cocido (2002) o La edad dorada (2003), que tienen a los movimientos populares y a personajes como Mate Cosido (un bandolero anarquista), y otros héroes personales como tópicos de algunos poemas. Pero entre la lucha por la reivindicación de los derechos y la naturaleza, tan viva en los versos de Bellessi, existe un correlato fundamental que Jorge Monteleone describe así en su brillante prólogo: “Desde el sol, ‘el ponchito de los pobres’, hasta las ramas finas de los ciruelos, la belleza de las cosas comparece. Toda rebelión, toda redención social cuenta con lo sagrado del mundo, y una misma pureza radica en la contemplación de lo real, lo que se honra en el detalle, tal como en las asambleas encendidas”, y cita a la autora: “tan bella/ la multitud como la naturaleza/ organizada en paisaje las columnas/ de Aníbal, de Teresa”. Esta mirada capaz de igualar distintos órdenes asignados por la cultura señala al mismo tiempo la abundancia y alternancia de lo existente, sea esto visible o no. El “rescate” del detalle dentro de la gran escena natural, social y poética, evidencia el enamoramiento con la vida y la melancolía que a esta embriaguez subyace. Como si con el poema sustrajera de lo inagotable el regalo fugaz de lo finito: “se va la vida y por eso la ven/ radiante mis pequeños, ahora bébanla”, dice Bellessi en “El cristal”, de Tener lo que se tiene. En “La corona”, un conmovedor poema hecho de catorce sonetos encadenados, Bellessi parece sintetizar su búsqueda formal y de sentido, ya que esta delicada y fluidísima estructura se desliza en una continuidad lírica que, dulcemente, podría no tener fin. Allí el tópico es el “sermón del silencio”, aquél con el cual Buda se dirigió a sus discípulos alzando “su mano en una flor de cinco pétalos”; y nos dice: “abriéndose como arcos parabólicos/ que suavemente el infinito empujan/ y se repliegan luego cuando el índice/ besando al pulgar en cerradura// atesora el amor de cada cosa/ encantada que le dieran los días/ donde hubo de ser deshaciéndose/ como la frágil rosa del jardín”. |