Octava InternaciónPor Rolando Revagliatti |
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Muy delgadita, parece púbera, y sin embargo es mayor de edad. La madre la
visita los miércoles, le lleva galletas de sémola y desodorante, ropa y la
TV Guía, y cincuenta centavos de austral para que se compre una gaseosa en
el bar de la clínica. Deambula por los corredores, va al parque, juega en la
única hamaca y en verano, cuando hay agua limpia en la pileta y sol, se pone
la malla y se sumerge. Esta es su octava internación. Conversadora, en un
estilo a borbotones; simpática y con una voz que si gritara, fácilmente
llegaría al chillido. Si se la mira con persistencia, simula vergüenza:
agacha y gira la cabeza, revolea los ojos, masculla y cuando uno sigue de
largo, se recobra, contesta, inquiere sobre algún profesional que la haya
atendido en otra época (“¿Hace mucho que no la ve a la licenciada María
Eugenia?”) o sobre el signo astrológico de una mucama de la tarde, o induce
a evocar cómo era la institución antes de las recientes modificaciones
edilicias. A veces, correteando se aproxima y descerraja: “¿Me da plata?” Se
esfuma su ingenio cuando ceden las aristas deliroides y el cliché; se
agazapa y desconoce pretéritas familiaridades. Todavía no está por irse de alta. En la última salida hirió a su hermanito. Con un sacacorchos lo atacó delante del padre, quien a su vez la golpeó con los puños. Ella no menciona el episodio, desestima los moretones e insiste en interrogarme sobre asuntos fuera de lugar. |
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Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) publicó un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos y relatos y quince poemarios. Diez libros suyos cuentan con ediciones electrónicas. Su sitio web es http://www.revagliatti.com.ar |